Por:
Víctor Rafael
Utilizando
sus numerosas patas cruzó de un lado a otro la terraza. De pequeño, recuerdo
que jugaba con ellos haciéndolos enrollarse en su propio cuerpo. Me resultaba
sumamente curioso ver como, con tan solo tocarlos, podía provocar esa reacción
de autoprotección. No sé si has visto algún Gongolí o Milpiés pero si lo tocas,
inmediatamente se esconde, se protege, se encierra en sí. Este amigo que cruzó,
frente a un grupo grande de personas aquel día de celebración, me regaló lo que
hoy comparo contigo.
Desde
mi punto de vista solo existen, humanamente hablando, dos tipos de Gongolí. Por
alguna razón u otra, he experimentado ambos, en diferentes momentos de la vida.
En primer lugar
quiero hacer mención del “Gongolí Preso”. Este tipo de Gongolí es el que en
ocasiones, aún teniendo vida, no vive. Es el que usa los eventos pasados de la
vida como pretexto para vivir de una manera simple, escondida, de
autoprotección. Es el que no confía en nadie, de todo y de todos hace juicios y
vive siempre a la defensiva protegiéndose a sí mismo. Encarcelado, encerrado,
enrollado en su propio cuerpo, vive preso por creencias de sí mismo y de los
demás que lo limitan. Crean barreras con sus gestos, maneras de ser y de
mostrarse ante los demás que obstaculizan cualquier tipo de relación. De tanto
protegerse ya no pueden sonreír. Tristemente viven en cautiverio.
Por
otra parte, está el “Gongolí Orgulloso”. Este tipo de Gongolí es el que no
permite que los demás se acerquen a apoyarlo de ninguna manera. También viven solitarios,
en encierro, enrollados en el orgullo y el miedo. Por alguna razón u otra confunden
“apoyo” con “debilidad”. Son aquellos que caminan solos “demostrando
superioridad” y justo en el momento en el que alguien los toca se enrollan.
Inmediatamente
comencé a pensar cuál de estos dos tipos de Gongolí me sigue más. Fue difícil
para mí pararme como responsable de mis actos, maneras de ser y sobre todo, fue
difícil encontrarme con el tipo de Gongolí que vive en mí. ¿Con cuál de los dos
te identificas? ¿Qué pasó que hoy vives como el Gongolí? ¿Desde cuándo vives de
esa manera? ¿Has pensado que cuando te enrollas podrías estar negándote a
infinitas bendiciones? A ti Gongolí;
¡Sal de mi vida!
Luego de algún
momento agradecí a Dios por el regalo que me hizo ese día. De la misma manera
hoy te invito a agradecer por lo que tienes, por lo que eres, por todas y cada
una de las cosas que han pasado. A ti Gongolí Preso, nunca sientas temor de
mostrar el regalo que eres para el mundo. Recuerda que la vida regala justo lo
que regalas de ti. A ti Gongolí Orgulloso déjate guiar, de vez en cuando
necesitarás apoyo de alguien más. Saber reconocer tus fortalezas y debilidades
de ninguna manera te hace menos. Recuerda siempre que cuatro manos son más que
solo dos.
Sal del
claustro, del encierro, de lo simple y cómodo. Hoy tienes la oportunidad para
vencer tus miedos, para ir tras aquello que has dejado pasar, ama y déjate
amar, regálate y deja que te regalen. Busca y encontrarás, pide y recibirás. Ya sabes lo que se siente vivir como el
Gongolí, entonces dime; ¿Qué vas a hacer? Finalmente y sin nada más que decir... ¡Atrévete a vivir!
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