20 junio 2013

Regalo 18: Gongolí a la vista.


Por: Víctor Rafael


            Utilizando sus numerosas patas cruzó de un lado a otro la terraza. De pequeño, recuerdo que jugaba con ellos haciéndolos enrollarse en su propio cuerpo. Me resultaba sumamente curioso ver como, con tan solo tocarlos, podía provocar esa reacción de autoprotección. No sé si has visto algún Gongolí o Milpiés pero si lo tocas, inmediatamente se esconde, se protege, se encierra en sí. Este amigo que cruzó, frente a un grupo grande de personas aquel día de celebración, me regaló lo que hoy comparo contigo.
            Desde mi punto de vista solo existen, humanamente hablando, dos tipos de Gongolí. Por alguna razón u otra, he experimentado ambos, en diferentes momentos de la vida.
En primer lugar quiero hacer mención del “Gongolí Preso”. Este tipo de Gongolí es el que en ocasiones, aún teniendo vida, no vive. Es el que usa los eventos pasados de la vida como pretexto para vivir de una manera simple, escondida, de autoprotección. Es el que no confía en nadie, de todo y de todos hace juicios y vive siempre a la defensiva protegiéndose a sí mismo. Encarcelado, encerrado, enrollado en su propio cuerpo, vive preso por creencias de sí mismo y de los demás que lo limitan. Crean barreras con sus gestos, maneras de ser y de mostrarse ante los demás que obstaculizan cualquier tipo de relación. De tanto protegerse ya no pueden sonreír. Tristemente viven en cautiverio.
            Por otra parte, está el “Gongolí Orgulloso”. Este tipo de Gongolí es el que no permite que los demás se acerquen a apoyarlo de ninguna manera. También viven solitarios, en encierro, enrollados en el orgullo y  el miedo. Por alguna razón u otra confunden “apoyo” con “debilidad”. Son aquellos que caminan solos “demostrando superioridad” y justo en el momento en el que alguien los toca se enrollan.  
Inmediatamente comencé a pensar cuál de estos dos tipos de Gongolí me sigue más. Fue difícil para mí pararme como responsable de mis actos, maneras de ser y sobre todo, fue difícil encontrarme con el tipo de Gongolí que vive en mí. ¿Con cuál de los dos te identificas? ¿Qué pasó que hoy vives como el Gongolí? ¿Desde cuándo vives de esa manera? ¿Has pensado que cuando te enrollas podrías estar negándote a infinitas bendiciones?  A ti Gongolí; ¡Sal de mi vida!
Luego de algún momento agradecí a Dios por el regalo que me hizo ese día. De la misma manera hoy te invito a agradecer por lo que tienes, por lo que eres, por todas y cada una de las cosas que han pasado. A ti Gongolí Preso, nunca sientas temor de mostrar el regalo que eres para el mundo. Recuerda que la vida regala justo lo que regalas de ti. A ti Gongolí Orgulloso déjate guiar, de vez en cuando necesitarás apoyo de alguien más. Saber reconocer tus fortalezas y debilidades de ninguna manera te hace menos. Recuerda siempre que cuatro manos son más que solo dos.
Sal del claustro, del encierro, de lo simple y cómodo. Hoy tienes la oportunidad para vencer tus miedos, para ir tras aquello que has dejado pasar, ama y déjate amar, regálate y deja que te regalen. Busca y encontrarás, pide y recibirás.  Ya sabes lo que se siente vivir como el Gongolí, entonces dime; ¿Qué vas a hacer? Finalmente y sin nada más que decir... ¡Atrévete a vivir!

No hay comentarios:

Publicar un comentario