Por:
Víctor Rafael
Honestamente
dolió más tomar por cierto lo que dijo, que escuchar salir de su boca semejante
mentira. Las palabras que pronunció
retumbaron en mi cabeza, como balón que rebota contra el tabloncillo, por al
menos una hora. No fue suficiente llorar, enojarme, sentirme dolido, para sacar
de mi mente aquella limitante definición de mí que yo mismo aprobé.
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Un baño que me
obligaba a concentrarme en la baja temperatura del agua, sumado a algunos
minutos meditando, me apoyaron a ir al guardarropas en busca de algo que me
sirviera para salir a caminar. La primera camisa que saqué era “Large”, el problema en sí, no era el tamaño, el
problema fue que no me detuve a mirarla y pensar si realmente me quedaría bien
o no. Me la probé y no me quedaba, así que la devolví al guardarropas y busqué
una que pudiese usar. Me senté sobre mi cama, transportándome al momento en el
que escuché aquella palabra malintencionada, que provocó aquel tornado de
emociones que se desató dentro de mí acabando con todo. Acto seguido, Dios en
su amor me hizo recordar una muy buena conversación que tuve hace algún tiempo
en la que me dijeron; “Imagina las palabras pintadas sobre la tela de una
camisa. Ahora piensa, ¿lo que te dijeron podrías pintarlo sobre una camisa de
tu tamaño?” No, respondí. “Entonces cada vez que te digan una palabra que no va
contigo, píntala en una camisa que no sea de tu tamaño, así te darás cuenta que
si te la pruebas no te quedará. De hoy en adelante solo pintarás palabras
positivas sobre las camisas de tu tamaño, por tanto, la definición que tendrás
de ti será única y exclusivamente la que te apoye a vivir de la mejor manera
posible contigo y con los demás. Crea una definición de ti que en lugar de
limitar tu vida, la catapulte de manera tal que nada ni nadie pueda detener tu
vuelo.”
¿Cuál
es la definición que tengo de mí? ¿Qué me dijeron que hoy día maneja mi vida de
manera tal que vivo desde lo que me hicieron creer que soy? Duele. Duele
escuchar de la boca de quienes están cerca de mí, cosas que sé muy en el fondo
que no me pertenecen. Duele cuando al oído llegan frases como “Tú no vales
nada.”, “Eres un/a bruto/a.” “Nunca serás nadie en la vida.”, “No sirves.”.
Pero honestamente duele más cuando tomo por cierto lo que dicen que soy. Duele
más ser quien creo las mentiras y luego voy con un sello en la frente cargando
la definición equívoca que por boca mía o de los otros escribí de mí. Duele
creerme nadie, cuando en realidad soy todo lo que la humanidad necesita para
que el Mundo sea completo.
Al
día de hoy tengo una camisa puesta todos los días, una camisa que cargo conmigo
a donde quiera que voy. Es de mi tamaño y me apoya siempre a recordar lo
importante y valioso que soy para quienes tengo a mi alrededor. Pinté de
palabras mi camisa y dice así “ Mi nombre es Víctor Rafael y soy un hombre de
fe, capaz, comprometido, apuesto, honesto, servicial, abundante, libre,
amoroso, inteligente, completo, lleno de vida, leal, íntegro, seguro de mí,
valiente, arriesgado, empático, compasivo, amigable, bondadoso y carismático.”
Esa es la definición que tengo de mí, es poderosa, completa y me apoya a ser un
cien porciento. Cuéntame, ¿de qué tamaño es tu camisa? ¿Cuál es la definición
que tienes de ti?
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