Por: Víctor Rafael
Mi corazón comenzó a ver lo que los
ojos no podían. La guerra en mi interior cesó y por fortuna encontré la manera
de acoger libre de miedos todo lo que llegaba a mis manos. Aprendí que cada
segundo es nuevo, que cada persona es diferente y que cada lugar alberga una
historia distinta. La vida me mostró que el pasado siempre vendrá a ponerse en
medio y que en ocasiones deshacerme de él será tan sencillo como cambiarme de
carril.
Dos carriles en los que veía mi vida, un
camino sin recorrer hacia lo desconocido y el pasado frente a mí en forma de
camión. Cuando más disfrutaba de lo que estaba viendo, aquel camión cruzó mi
camino. No solamente me impedía ver, también me recordaba todas y cada una de
las cosas que antes pasaron. Aquel enorme monstruo mecánico había llegado para
obstaculizar mi camino, para no dejarme ver qué había en realidad delante de mí.
Su intención era solo una, robarme la bendición y Dios por otra parte me decía,
“Cámbiate de carril y regálate la oportunidad de verlo todo sin juzgarlo por lo
que pasó.”
A menudo pasa que queremos algo, cualquier
cosa. Nuestro corazón grita valientemente por tenerlo y nuestra mente grita aún
más fuerte llena de miedo. Hay veces que
lo que queremos se presenta en los carriles de la vida, entonces, el camión
cruza frente a nosotros, atropella todo lo que vemos y transforma el camino en
uno incierto e inseguro. La duda se hace presente y el miedo por lo que pasó
aparece reclamando su lugar. Tristemente lo abandonamos todo o simplemente no
nos atrevemos a lanzarnos porque antes de hacerlo traemos todo lo que pasó al
momento, cerrándonos así a la oportunidad de vivir una nueva experiencia.
Desafortunadamente nos quedamos tras el camión cuando en realidad lo único que
debemos hacer para comenzar a vivir es, cambiarnos de carril.
¿Qué estás esperando para cambiarte de
carril? El perdón se hace ausente, la vida se vuelve monótona, el amor se
enfría y lo que queremos para nuestras vidas se aleja cada día más cuando
permanecemos en el mismo carril. Perdemos tiempo detrás del camión, cediéndole
poder de nuestras vidas al pasado, haciéndonos creer a nosotros mismos que una
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