Por:
Víctor Rafael
Las malas
noticias frenan la felicidad, apagan la chispa de la fe y siembran duda en el
corazón. Como un terremoto que estremece los cimientos de un enorme edificio,
cuando vivimos este tipo de experiencia la tristeza sacude lo más profundo de
nuestra alma.
Hace
varias semanas un buen amigo me hizo saber que a su novia le habían
diagnosticado una rara enfermedad. No se conoce el porqué, tampoco cómo se
contagió con ella, no tiene cura y en cierta manera es progresiva. Lleno de
miedo, incertidumbre y dolor se preguntaba el porqué de la situación. Dentro de
lo mucho que me gusta hablar, fue muy poco lo que pude decir. No había mucho
que pudiera hacer, nunca he pasado por una situación como esa, solo pensé en el
regalo que había tras aquella mala noticia.
En
este tipo de situación es que nuestros pies tocan el suelo. En nuestra mente se
van desenredando un sinnúmero de pensamientos que nos llevan a una sola
conclusión, somos humanos. No estamos exentos del dolor o del sufrimiento. Un
día podemos gozar plenamente de la vida y al siguiente tropezarnos con algo que
cambiará nuestras vidas para siempre.
Posiblemente
llevas una vida saludable, la enfermedad no ha tocado a tu puerta pero alguna
mala noticia está frente a ti. La muerte de un familiar, el rompimiento de
alguna relación, la pérdida de tu empleo o cualquier otra cosa que haya llegado
para cambiarte los planes.
Noticias como
esta tocan a nuestra puerta y lo primero que hacemos es mirar al cielo en busca
de alguna respuesta divina. Buscando que Dios nos contesté porqué permite cosas
así. Nuestra mente trabaja rápidamente buscando las razones por las que
merecemos vivir con esa carga, buscamos culpables, pero nos olvidamos de lo más
importante de todo… el propósito detrás de cada uno de estos eventos.
Sabes, Dios por
encima de todo, quiere bendecirte. Cada evento negativo que sacude tu vida
viene acompañado de bendición. Es irónico pensar que merecer sufrir para ver
buenos resultados en la vida, pero más irónico es pensar que todo llegará en
bandeja de plata.
Cuando alguna
mala noticia llegue a tu puerta, cuando algo o alguien intente quitarte la paz,
recíbelo. Llora, enójate, grita, vive tu humanidad. Cuando algo malo llegue a
visitarte acógelo con fe, seguramente es el vehículo que Dios utilizará para
llevarte a un nuevo nivel en tu vida, para acercarte a Él. Las tribulaciones
momentáneas que vives producirán eventualmente un eterno peso de gloria. (2 Corintios 4:17) Dios pondrá situaciones en el camino con la intención de prepararte para
enfrentar la vida, pero también usará otras para llevarte a enfrentar la vida sin estar preparado.
Frente a una mala noticia siempre el miedo te
atacará. Hay más valor en las luchas que enfrentamos con miedo, que en aquellas
que nos negamos a enfrentar por temor a lo que vendrá.
@victor_rafael9 | Lo que el día me regaló © 2014
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