Por:
Víctor Rafael
Una
sola voz y dos personas. Un mismo mensaje, el mismo amor, la misma solución en
tiempos distintos. Fue como si Dios hubiese bajado del cielo dos veces a
mostrarme el principio del camino que yo mismo debía terminar de construir con
mi palabra, una actitud positiva y fe.
Ella
y él no se conocen, nunca se han visto, no tienen nada que ver el uno con el
otro… y aún así me regalaron exactamente lo mismo. De una manera muy especial
llegaron a mi vida y dejándose usar por el Creador me guiaron hasta hacerme
entender que el mensaje era para mí.
Él se acercó a
mi vida y dijo “Reta tu condición.” y ella por su parte citó “Diga el débil, fuerte soy.” (Joel 3: 10)
Ambos me enseñaron que mi condición no es mi realidad, sino que es un conjunto
de cosas pasajeras que me impiden ver lo que soy, lo que puedo hacer y lo que
puedo tener. Estos maestros de la vida me enseñaron que a través de mi palabra
estaba hundiéndome, matándome, acabándome y que era a través de la palabra
misma que podía regalarme vida.
No sé quien me
hizo creer que mi condición no puede cambiar. Lo que sí sé es que ese
pensamiento me empujó hacia un abismo del cual me era imposible salir. Siempre
pensé que “…era lo que me tocaba vivir y que así debía permanecer hasta que las
cosas cambiaran…” Irresponsablemente me quedaba parado esperando que algo más
grande que mis circunstancias sucediera para así poder librarme de lo que sea
que estuviese pasando en mi vida. Me repetía una y otra vez “estoy estancado”,
“no puedo salir de aquí”, “hace mucho no siento lo mismo” , “no soy
verdaderamente feliz” y como era de esperarse este tipo de diálogo conmigo me
hundía más y me hacía creer a mí mismo que mi condición era más grande que yo. Entonces
reté mi condición transformando mi lenguaje, comencé a declarar la solución, lo
que quería para mí y de estar muerto en vida comencé a vivir.
Si te dieran hoy
la oportunidad de salir del hoyo en el que te encuentras, de comenzar a vivir
saludablemente. Si hoy viniera alguien a decirte “Reta tu condición, tus
circunstancias, comienza a declarar la solución a tus problemas y verás grandes
resultados en tu vida.” ¿Qué harías? ¿Seguirías dándole poder a tu condición o
comenzarías a declarar la solución? Tú mejor que nadie sabes lo que es mejor. Posiblemente el
desánimo ha venido a visitarte y es válido, lo que no es permitido en este
juego es que el desánimo te haga creer que las cosas son como son y que no
pueden cambiar. Sí hay una salida y está disponible para ti.
Hoy quiero
hacerte una invitación. Quiero que te vistas de valor y retes tu condición,
desafía tus circunstancias y comienza a declarar vida para ti. Dios no quiere
verte sufrir, quiere que seas feliz. Él no quiere verte viviendo en el
estancamiento, quiere que camines. Él quiere con todo su corazón que salgas de
donde estás, pero también quiere que te des cuenta de que lo que eres en Él es
más grande que tu condición, que tienes el poder de salir de la situación por
la que estás pasando y que al mismo tiempo debes poner de tu parte para que
finalmente puedas pasar al otro lado. Ahora bien, recuerda que no basta con
declarar la salida, también tendrás que actuar congruentemente con tu
declaración pues la intención más la acción es igual a resultados positivos.
Mi nombre es Víctor
Rafael y declaro una vida abundante, feliz, saludable, íntegra, llena amor, paz
y comunión. Hoy me visto de valor, me levanto, reto mi condición y declaro vida
para mí. ¿Qué me puedes decir de ti? ¿Cuál es tu declaración?
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