Por:
Víctor Rafael
Dedicado a los maestros de Puerto Rico y el Mundo. A mis compañeros practicantes y a mi maestra de primer grado, la señora Rosa Santiago. Su amor me enseñó a vivir para tocar el corazón de la gente. Eternamente agradecido.
Dedicado a los maestros de Puerto Rico y el Mundo. A mis compañeros practicantes y a mi maestra de primer grado, la señora Rosa Santiago. Su amor me enseñó a vivir para tocar el corazón de la gente. Eternamente agradecido.
Llegará
el día que partiremos de este lugar terrenal. Entonces, cada cosa que hagamos
aquí quedará en el corazón de quienes estuvieron cerca. Dios nos da todos los
días la oportunidad de inmortalizar nuestro nombre con buenas obras. ¿Hay algo
que estés haciendo al respecto?
Hace una semana
comencé mi experiencia como maestro practicante en una escuela en la ciudad donde
vivo. Han sido días largos, de mucho aprendizaje y grandes experiencias. Lo más
valioso del proceso hasta el momento ha sido ver en las paredes del salón
carteles, canastos, cortinas y fotos, todos de compañeros y compañeras que
habían pasado antes por ese centro de práctica.
En un principio
le resté importancia a todo. Para ser honesto pensé que algunos de esos objetos
no tenían razón para estar allí. Sin embargo, a medida que iban entrando los
estudiantes mencionaban los nombres de mis compañeras; “Ese es el canasto de
Xiomara.” , “Esas son las cortinas de Rocío.” , “Mira, el cartel de Erly.” Sonará
demasiado simple pero si observamos con atención cada uno de ellos dejó algo de
sí en el espacio que ahora ocupo junto a mi compañera. Cada uno de ellos fue
allí a cumplir una misión y no solo logró completar un grado universitario,
sino que logró tocar el corazón de cada uno de los jóvenes con los que vivió la
maravillosa experiencia que ahora estoy viviendo.
Si llevas esta
experiencia al mundo real, si tan solo pudieras tomar unos minutos para pensar
en la cantidad de personas que tocas directa o indirectamente todos los días,
te darías cuenta de que en cada uno de ellos vive una oportunidad para hacer el
bien. No hacen falta grados académicos. Tampoco es necesario tener dinero, fama
o una posición social alta. Solo hace falta un corazón dispuesto a dar sin
recibir nada a cambio. La oportunidad que día a día tenemos de servir a los
demás es la llave que abre las puertas de lo imposible. Los pequeños actos de
amor son capaces de llegar al corazón de cualquiera. Cuando te regalas a las
personas y pones tu ser a jugar, la ganancia es más, no porque lo estás dando
todo de ti, sino porque la persona siente lo que estás haciendo y reconociéndolo
abre las puertas de su corazón, al mismo tiempo de que le estás abriendo las
del tuyo. La ganancia va en ambas direcciones.
Practicando a
ser maestro entendí mi propósito en la Tierra. Estoy aquí para tocar el mayor
número de corazones posible, con la mejor herramienta, con el regalo más grande
que Dios puso en mis manos, mi ser. No hay nada que hacer salvo dejar que el
amor que vive dentro de mí salga sin medida, sin mirar raza, género,
apariencias, condición. Llevar el amor a los corazones a través del Mundo uno a
la vez, amando cada día un poco más.
Pon tu corazón
en todo lo que haces y verás resultados que jamás pensaste ver. Deja de hacer
tanto y dedica la mayor parte de tu tiempo a SER, a dejarte ver, a abrir tu
corazón. Cuando sirves, nadie pierde. Cuando aprendes a dejar algo de ti en el
corazón de las personas con actos sencillos inmortalizas tu alma.
@victor_rafael9 | Lo que el día me regaló © 2014
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