14 marzo 2013

Regalo 4: Una vez más.


Por: Víctor R. Fuentes López

            ¡No vuelvas a intentarlo, nunca has tenido éxito! Posiblemente eso es lo que muy dentro de ti escuchas cuando estás frente a eso que tanto has buscado sin tener suerte. Tal vez lo que dice el ego es “No quiero que me vean fracasar una vez más”.  Esta línea de pensamiento es, probablemente, lo que siempre ha estado en medio de lo que tienes y lo que quieres. Ahora bien; ¿Cuántas veces más estás dispuesto o dispuesta a intentarlo?¿Realmente eso que buscas es importante para ti? Sí la respuesta a estas últimas preguntas es “cuantas veces sea necesario” y “sí” entonces quiero compartir contigo lo que el día me regaló.
            ¿La tarde? Soleada. ¿El ambiente? Perfecto. ¿Cuántas personas habían? Éramos seis los que estábamos allí. ¡Háblame de lo que pasó! Con mucho gusto te cuento.
Dejamos atrás a los cuatro que nos acompañaban y de la mano,  íbamos caminando justo por donde la tierra y el agua se unen. Estábamos apreciando la escena que la naturaleza ponía ante nuestros ojos y a través de ella el talento del Creador. Al fondo, sobre el horizonte, Vieques. Frente a la pequeña isla se podía apreciar un gran rompeolas, donde quedaban expuestas las piedras pulidas por el agua salada y el tiempo. Jugábamos con las olas a mojarnos los pies en aquella agua fría y llena de espuma. Tomamos la decisión de sentarnos sobre una toalla que cargaba a observar las olas y como estas una y otra vez caían sobre la arena pedregosa de aquella playa del área este de Puerto Rico. Me preguntó “¿En qué piensas?” Le contesté en un tono muy sutil “En que ellas no se cansan de intentarlo y nunca tienen la oportunidad de quedarse en tierra firme.”
Foto por: Ronald Avila
¿Qué fue lo que el día te regaló? Lo que el día me regaló fue una manifestación natural de perseverancia. Un vivo ejemplo de lo que es visión, acción y compromiso. Tengo claro que ni las olas del mar y mucho menos la arena tienen conciencia de lo que hacen, sin embargo te invitó a acoger mi punto de vista y lo lleves a cualquier cosa que estés haciendo o quieras llevar acabo en estos momentos en tu vida. La arena representa todo aquello que quieres. Por otra parte las olas del mar representan todo lo que eres. Nunca he visto una ola desistir de su ideal de llegar a tierra firme. Nunca he visto la arena lejos de las olas del mar. Nunca las olas se dicen a sí mismas “Tu no puedes” Nunca he visto que la ola escuche un “No podrás llegar a tierra firme.” Nunca he escuchado a una ola decir “No voy más, lo he intentado muchas veces.” Las olas simplemente van sobre la arena presentándonos un ejemplo de lo que deberíamos hacer por lo que queremos. Sencillamente ir tras nuestros sueños sin excusas, sin pretextos, sin cuentos, sin limitaciones. Ir tras lo que queremos simplemente porque sí.
¿Qué fue lo que abandonaste? ¿Quién dijo que no podrías hacerlo? ¿Por qué razón decidiste dejar de creer en ti? ¿Qué es lo que te mueve? Si te das la oportunidad de mirar lo que realmente mueve, motiva, impulsa o anima tu vida y dejas que la ola que vive en ti salga impulsada por lo deseos de vivir, de seguro hallarás razones y energías  suficientes para nunca rendirte. Hoy te invito a crear un nuevo compromiso contigo. Un compromiso que te apoye a relacionarte con todo lo que está alrededor tuyo como si todo fuese alcanzable. Un compromiso que te apoye a en lugar de crear barreras,  a crear puentes que funcionen para ir hacia lo que quieres. Así que siempre mira la ola que hay en ti. Siempre ve tras lo que quieres. Reconoce que en ti está todo lo que se necesita para lograr lo que sea que quieras hacer.
Esa tarde recibí de la naturaleza un milenario ejemplo de lo que es la perseverancia. Al día de hoy escucho a Dios mismo diciéndome en medio de todo lo que hago, cuando necesites un ejemplo de perseverancia recuerda a las olas del mar, que no importa cuantas veces intentaron llegar a tierra firme sin éxito, siempre vuelven a intentarlo una vez más.

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