Por:
Víctor R. Fuentes López
¡No
vuelvas a intentarlo, nunca has tenido éxito! Posiblemente eso es lo que muy
dentro de ti escuchas cuando estás frente a eso que tanto has buscado sin tener
suerte. Tal vez lo que dice el ego es “No quiero que me vean fracasar una vez
más”. Esta línea de pensamiento es, probablemente,
lo que siempre ha estado en medio de lo que tienes y lo que quieres. Ahora
bien; ¿Cuántas veces más estás dispuesto o dispuesta a intentarlo?¿Realmente eso que buscas es importante
para ti? Sí la respuesta a estas últimas preguntas es “cuantas veces sea necesario”
y “sí” entonces quiero compartir contigo lo que el día me regaló.
¿La
tarde? Soleada. ¿El ambiente? Perfecto. ¿Cuántas personas habían? Éramos seis
los que estábamos allí. ¡Háblame de lo que pasó! Con mucho gusto te cuento.
Dejamos atrás a
los cuatro que nos acompañaban y de la mano, íbamos caminando justo por donde la tierra y
el agua se unen. Estábamos apreciando la escena que la naturaleza ponía ante
nuestros ojos y a través de ella el talento del Creador. Al fondo, sobre el
horizonte, Vieques. Frente a la pequeña isla se podía apreciar un gran rompeolas,
donde quedaban expuestas las piedras pulidas por el agua salada y el tiempo. Jugábamos
con las olas a mojarnos los pies en aquella agua fría y llena de espuma. Tomamos
la decisión de sentarnos sobre una toalla que cargaba a observar las olas y
como estas una y otra vez caían sobre la arena pedregosa de aquella playa del
área este de Puerto Rico. Me preguntó “¿En qué piensas?” Le contesté en un tono
muy sutil “En que ellas no se cansan de intentarlo y nunca tienen la
oportunidad de quedarse en tierra firme.”
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| Foto por: Ronald Avila |
¿Qué fue lo que
el día te regaló? Lo que el día me regaló fue una manifestación natural de
perseverancia. Un vivo ejemplo de lo que es visión, acción y compromiso. Tengo
claro que ni las olas del mar y mucho menos la arena tienen conciencia de lo
que hacen, sin embargo te invitó a acoger mi punto de vista y lo lleves a
cualquier cosa que estés haciendo o quieras llevar acabo en estos momentos en
tu vida. La arena representa todo aquello que quieres. Por otra parte las olas
del mar representan todo lo que eres. Nunca he visto una ola desistir de su
ideal de llegar a tierra firme. Nunca he visto la arena lejos de las olas del
mar. Nunca las olas se dicen a sí mismas “Tu no puedes” Nunca he visto que la
ola escuche un “No podrás llegar a tierra firme.” Nunca he escuchado a una ola
decir “No voy más, lo he intentado muchas veces.” Las olas simplemente van
sobre la arena presentándonos un ejemplo de lo que deberíamos hacer por lo que
queremos. Sencillamente ir tras nuestros sueños sin excusas, sin pretextos, sin
cuentos, sin limitaciones. Ir tras lo que queremos simplemente porque sí.
¿Qué fue lo que
abandonaste? ¿Quién dijo que no podrías hacerlo? ¿Por qué razón decidiste dejar
de creer en ti? ¿Qué es lo que te mueve? Si te das la oportunidad de mirar lo
que realmente mueve, motiva, impulsa o anima tu vida y dejas que la ola que
vive en ti salga impulsada por lo deseos de vivir, de seguro hallarás razones y
energías suficientes para nunca rendirte.
Hoy te invito a crear un nuevo compromiso contigo. Un compromiso que te apoye a
relacionarte con todo lo que está alrededor tuyo como si todo fuese alcanzable.
Un compromiso que te apoye a en lugar de crear barreras, a crear puentes que funcionen para ir hacia
lo que quieres. Así que siempre mira la ola que hay en ti. Siempre ve tras lo
que quieres. Reconoce que en ti está todo lo que se necesita para lograr lo que
sea que quieras hacer.
Esa tarde recibí
de la naturaleza un milenario ejemplo de lo que es la perseverancia. Al día de
hoy escucho a Dios mismo diciéndome en medio de todo lo que hago, cuando necesites
un ejemplo de perseverancia recuerda a las olas del mar, que no importa cuantas
veces intentaron llegar a tierra firme sin éxito, siempre vuelven a intentarlo
una vez más.
This work by Víctor R. Fuentes López is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

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