Por:
Víctor Rafael
Hoy quiero contarte una historia que
me movió, una historia que me apoyó a abrir los ojos. Ellos no saben lo que
hicieron aquel día por mí. Nunca lo compartí con quienes me permití escuchar en
su momento de preocupación, nunca lo compartí con quienes abrieron su corazón
conmigo. Sin embargo quiero compartir contigo lo que el día me regaló.
Ese día me levanté y sentía como si él y ella estuviesen
contándome la misma historia vaga que buscaba el eterno estancamiento de su
alma. Un estancamiento que no producía más que el deseo casi innato de
permanecer en el mismo lugar. Yo
simplemente me senté a escuchar cada una de las situaciones y solo pensaba en
que siempre nos enfocamos en buscar más razones para ver lo malo en cada cosa
que hacemos, que en buscar las bendiciones que hay ante cada cosa que la vida
nos regala. No sé por qué razón cuando atravesamos por momentos difíciles
dedicamos más del cien porciento de nosotros a ver todo lo malo que está
pasando y no a mirar las bendiciones con las que contamos. Es como si nuestro
peor enemigo nos vendara los ojos y una vez con nuestros ojos vendados nos
lanzara por el eterno abismo de la desesperanza, el dolor, el sufrimiento y la
falta de fe en el plan perfecto del Creador. Entonces comprendí que la mayor
parte del tiempo vivimos, sacándole punta al lápiz. Me transporté a aquel día
en el que le saqué tanta punta al lápiz que hubiese sido imposible escribir una
sola letra.
Imagina que el lápiz es tu vida, la punta es el problema por el
que estás atravesando y que la acción de escribir es lo que te va a apoyar a
salir de la situación. ¿Necesitas más punta para comenzar a escribir? En otras
palabras; ¿Necesitas que el problema sea más grande para salir? No. Con lo que
tienes ya es suficiente para comenzar a escribir la manera en que saldrás de
eso que inquieta tu alma. No hace falta alimentar al problema, no hace falta
darle más color, no hace falta hacerlo más grande que tú. Por otra parte no se
trata de olvidar lo que está pasando, no se trata de abandonar tus
sentimientos, emociones o preocupaciones. Se trata de comenzar a escribir la
manera en que vas a salir de ese lugar que te aguanta, controla y paraliza.
Hoy es un buen día para comenzar a escribir. Suelta el sacapuntas,
cuenta tus bendiciones, enfócate en vivir con pasión por lo que quieres, vive
intensamente, camina, mira que el mundo está avanzando rápido y veloz, recuerda
que eres especial, recuerda que estás aquí para ser feliz. Conéctate con quien
es más grande que tú, más grande que tu problema, más grande que tus
circunstancias, permite que sea él quien junto a ti escriban lo grande que
eres. Recuerda que Él es mucho más grande que nuestras limitaciones. Si logras
conectarte con las bendiciones con las que cuentas, en lugar de vivir buscando
estar en conexión con lo malo que ocurre a tu alrededor, muchas cosas renacerán
en ti. Recuerda que no habrás pasado por la vida en vano, que todo pasa para
algo. Mira por encima de tu problema y date cuenta que lo que hay más allá es
mucho más grande que lo que tienes. La vida te está dando la oportunidad de
escribir; ¿Vas a escribir de tus derrotas o vas a escribir de tus victorias? En
tus manos está, todo depende de ti.
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