Por:
Víctor Rafael
Iba
caminando por la acera, vi un banco, estaba un poco agotado así que decidí
descansar bajo la sombra de un árbol. Me acosté, usé mi bulto para hacer
descansar mi cabeza. Me regalé algunos minutos conmigo mientras observaba la
naturaleza y la majestuosidad de el árbol que me acogía. Aquel árbol tenía
varias hojas color marrón oscuro, estaban marchitas. Mirándolas, después de
algún tiempo, una de ellas cayó al suelo. El árbol la soltó, la dejó ir, la
dejó caer.
| Foto por: Ronald Avila |
Aquellas
hojas marrones, muertas, marchitas, lograban sin ninguna intención opacar el
brillo de aquel gran Roble. ¿Qué pasó que aquella hoja se secó? ¿Hace cuánto
esta hoja estaba muriendo? No sé, no tengo la menor idea. Lo que si sé es que
aquel árbol se rehusó por algún tiempo a soltar aquella hoja, hizo todo lo que
estaba a su alcance para que la hoja no muriera, lucho contra sí mismo y aún
así la hoja murió. ¿Cuál es el regalo? El árbol cuando estuvo listo, la soltó.
Quiero
ahora traer a tu atención un pequeño detalle que puede ser la diferencia en
este relato. Como antes mencioné, había varias hojas color marrón, sin embargo
el árbol soltó solo una, solamente una de aquel grupo de hojas marchitas. Aquellas
hojas variaban en tamaño y forma así que algunas tardarían en morir más que
otras. ¿De que te estoy hablando? De que al igual que en la vida, las
situaciones y las circunstancias nunca serán algo que podamos manejar de una
misma manera. Sería absurdo manejar la muerte igual que manejamos un desamor.
Manejar la alegría igual que manejamos la tristeza. Habrán cosas más
importantes que otras, habrán cosas que nos marcarán más que otras. Al pasar los
días aquel árbol, según fuera sintiéndose preparado para hacerlo, soltaría cada
una de las hojas marchitas de las que te hablé.
De
la misma manera ha pasado conmigo a través de la vida. He luchado muchísimas
veces por mantener vivos sentimientos, actitudes, deseos, frustraciones,
desamores, rencores y rencillas. He luchado hasta el punto de dañarme, mi paz
interior se ha trastocado y al igual que aquel árbol, he visto el color de la
vida opacarse. Justo en el momento que realizo que no me hace bien, lo dejo ir.
![]() |
| Foto por: Ronald Avila |
En
definitiva, no es un proceso fácil. Hay veces en la vida que nos vemos tentados
a ir contra nosotros mismos, para mantener vivo algo que hace algún tiempo
murió. Hay veces que el empeño propio por mantenernos viendo la vida de un solo
lado nos aguanta, paraliza, controla y opaca. Muchas veces forzamos a que las
personas, cosas o eventos permanezcan en nuestras vidas aún cuando ya es tiempo
de pasar la página. Igual que aquel árbol, sé que a lo largo de tu vida has
visto como las cosas que piensas que te hacen ser, se han ido y también sé lo
mucho o poco que puede doler.
¿Qué
tienes que soltar? ¿Qué hoja está opacando tu vida? ¿Hasta cuándo vas a luchar
por mantener con vida algo que hace mucho tiempo pasó? Hoy te invito a que
abraces tu humanidad. Cuando vengan momentos de dolor, cuando vengan momentos
difíciles, abrázalos, date el permiso para sentirlos y de experimentar lo que
viene acompañando esos eventos en tu vida. Ahora bien, no está permitido
permanecer en el mismo sitio prolongadamente, muévete. Al igual que aquel
árbol, suelta las hojas que no te hacen sentir bien, cuando estés listo/a. Finalmente
el regalo está en que el árbol soltó la hoja cuando estuvo listo, de igual forma cuando sueltas una hoja muerta,
nacen dos verdes que eventualmente harán lucir el majestuoso árbol que vive
dentro de ti.
Visítame en: www.facebook.com/loqueeldiameregalo
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

Hermoso. Empecé a soltar hojas ayer. Esto me viene de perlas.
ResponderEliminar¡Un abrazo!
EliminarGracias por ese regalo, tienes mucho talento. Dios te bendiga <3 :)
ResponderEliminar