09 mayo 2013

Regalo 12: Las hojas, el árbol y la vida.


Por: Víctor Rafael

            Iba caminando por la acera, vi un banco, estaba un poco agotado así que decidí descansar bajo la sombra de un árbol. Me acosté, usé mi bulto para hacer descansar mi cabeza. Me regalé algunos minutos conmigo mientras observaba la naturaleza y la majestuosidad de el árbol que me acogía. Aquel árbol tenía varias hojas color marrón oscuro, estaban marchitas. Mirándolas, después de algún tiempo, una de ellas cayó al suelo. El árbol la soltó, la dejó ir, la dejó caer.
Foto por: Ronald Avila
            Aquellas hojas marrones, muertas, marchitas, lograban sin ninguna intención opacar el brillo de aquel gran Roble. ¿Qué pasó que aquella hoja se secó? ¿Hace cuánto esta hoja estaba muriendo? No sé, no tengo la menor idea. Lo que si sé es que aquel árbol se rehusó por algún tiempo a soltar aquella hoja, hizo todo lo que estaba a su alcance para que la hoja no muriera, lucho contra sí mismo y aún así la hoja murió. ¿Cuál es el regalo? El árbol cuando estuvo listo, la soltó.
            Quiero ahora traer a tu atención un pequeño detalle que puede ser la diferencia en este relato. Como antes mencioné, había varias hojas color marrón, sin embargo el árbol soltó solo una, solamente una de aquel grupo de hojas marchitas. Aquellas hojas variaban en tamaño y forma así que algunas tardarían en morir más que otras. ¿De que te estoy hablando? De que al igual que en la vida, las situaciones y las circunstancias nunca serán algo que podamos manejar de una misma manera. Sería absurdo manejar la muerte igual que manejamos un desamor. Manejar la alegría igual que manejamos la tristeza. Habrán cosas más importantes que otras, habrán cosas que nos marcarán más que otras. Al pasar los días aquel árbol, según fuera sintiéndose preparado para hacerlo, soltaría cada una de las hojas marchitas de las que te hablé.
            De la misma manera ha pasado conmigo a través de la vida. He luchado muchísimas veces por mantener vivos sentimientos, actitudes, deseos, frustraciones, desamores, rencores y rencillas. He luchado hasta el punto de dañarme, mi paz interior se ha trastocado y al igual que aquel árbol, he visto el color de la vida opacarse. Justo en el momento que realizo que no me hace bien, lo dejo ir.
Foto por: Ronald Avila
            En definitiva, no es un proceso fácil. Hay veces en la vida que nos vemos tentados a ir contra nosotros mismos, para mantener vivo algo que hace algún tiempo murió. Hay veces que el empeño propio por mantenernos viendo la vida de un solo lado nos aguanta, paraliza, controla y opaca. Muchas veces forzamos a que las personas, cosas o eventos permanezcan en nuestras vidas aún cuando ya es tiempo de pasar la página. Igual que aquel árbol, sé que a lo largo de tu vida has visto como las cosas que piensas que te hacen ser, se han ido y también sé lo mucho o poco que puede doler.
            ¿Qué tienes que soltar? ¿Qué hoja está opacando tu vida? ¿Hasta cuándo vas a luchar por mantener con vida algo que hace mucho tiempo pasó? Hoy te invito a que abraces tu humanidad. Cuando vengan momentos de dolor, cuando vengan momentos difíciles, abrázalos, date el permiso para sentirlos y de experimentar lo que viene acompañando esos eventos en tu vida. Ahora bien, no está permitido permanecer en el mismo sitio prolongadamente, muévete. Al igual que aquel árbol, suelta las hojas que no te hacen sentir bien, cuando estés listo/a. Finalmente el regalo está en que el árbol soltó la hoja cuando estuvo listo,  de igual forma cuando sueltas una hoja muerta, nacen dos verdes que eventualmente harán lucir el majestuoso árbol que vive dentro de ti.


3 comentarios:

  1. Hermoso. Empecé a soltar hojas ayer. Esto me viene de perlas.

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  2. Gracias por ese regalo, tienes mucho talento. Dios te bendiga <3 :)

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