Por:
Víctor Rafael
Ese
día transitaba por la carretera que me lleva mañana tras mañana a mi lugar de trabajo.
En medio del camino, una paloma estaba picoteando un trozo de pan que una
señora le había lanzado para que se alimentara. En el campo, cerca de donde
vivo, es muy común ver escenas como esta. Logré verla desde lejos y aún así continué
con mi ruta e inmediatamente estuve lo suficientemente cerca como para hacerle
daño, salió volando en busca de un lugar seguro. Aquel lugar donde ella comía, de
una “zona segura”, pasó a ser una “zona de peligro”. Fue lo suficientemente
astuta como para darse cuenta de que si se quedaba allí la muerte la
sorprendería y escogió vida para ella. ¡Bendita paloma, gracias por tu regalo!
Entre
una cosa y otra me pregunté “¿Habrá algún lugar del que tenga que
escapar?¿Tendré que escapar de alguien o de alguna relación? ¿Habrá algo que me
esté haciendo daño y no he querido soltarlo?”. Si la paloma supo reconocer que
estaba al borde de la muerte, que si se quedaba allí no habría ganancia para
ella y salió volando en busca de un lugar seguro, entonces quiero ser igual de sabio que ella.
Una
zona de peligro bien puede ser una relación disfuncional ya sea de pareja, de
amistad o la manera en que me relaciono conmigo mismo. Podría verse como el
trabajo que no me gusta o donde no me siento cómodo. Lugares en los que sé que
me haría daño estar o visitar y en último lugar podría decirse también que una
zona de peligro puede verse en los vicios, independientemente cualquiera que
sea.
¿Puedes tú
identificar otras zonas de peligro en tu vida? ¿Estás en una zona de peligro?
¿Cuánto tiempo más vas a esperar para salir volando de ahí en busca de un lugar
seguro para ti? Sal volando, pero que sea para cerrar con los círculos que
tengas que cerrar. Confundir volar con huir podría ser un error irremediable en
el proceso de sanar, pues quedaría inconcluso todo. En muchos de los casos bien
podrías necesitar ayuda de algún profesional o de alguien de confianza. Sal
volando de la “zona de peligro” pero que dejar las cosas inconclusas no sea la
solución.
Como te mencioné
antes, aquella paloma estaba picoteando un trozo de pan. Para poder vivir lo
abandonó, tal vez pasó hambre, sin embargo abandonarlo era el precio que tenía
que pagar si quería seguir con vida. De la misma manera el día en que decidas
volar hacia una zona segura, tendrás que pagar precios. Habrá cosas, personas,
lugares, amigos y demás, que probablemente te hacen “sentir completo o completa”,
que tendrás que abandonar. ¿Estás
dispuesto o dispuesta a pagar los precios? ¿Estás dispuesto o dispuesta a
iniciar una jornada en busca de vida para ti?
Hoy es un buen
día para acabar con todo aquello que me daña. Hoy quiero ser libre de todo lo
que me resta. Hoy voy en busca de todo aquello que me da paz, amor, felicidad,
tranquilidad, voy en busca de todo aquello que le suma a mi vida, voy a abrir
las puertas de mi corazón en busca de libertad. Estoy en la disposición de
arriesgarlo todo y abandonarlo todo por mi bienestar mental, físico, emocional
y espiritual. Al final del camino te darás cuenta de que “…a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien…”
(Rom. 8: 28) Por eso nunca temas salir volando, posiblemente encuentres la
salida, posiblemente encuentres vida.
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Nunca olvides que en tu vuelo, Nuestro Señor va contigo. No temas en considerar todo basura por nuestro Dios. Al final de cuentas, donde debemos acumular tesoros es en el cielo.
ResponderEliminarMe encanta!!!!!!
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