Por:
Víctor Rafael
Dedicado con mucho amor a mi Papá. Gracias por enseñarme a ver el regalo que cada día tiene para mí. Eres un gran maestro de la vida.
Una
tarde, luego de un día largo de trabajo, el día me regaló una conversación con papá.
Oye
pay. - Como me dice cariñosamente
Dime
papá. - Contesté como si supiese de antemano lo que él iba a decir
Ahora
que estás escribiendo, quiero contarte Lo que el día me regaló.
¿Qué
fue lo que el día te regalo?- Le pregunté sorprendido.
Sonrió y comenzó a contarme…
“Hoy en el
trabajo estábamos tirando cemento y en el fondo del lugar había un sapo. Todos,
con mucho coraje, empezaron a gritar; “Olvídate del sapo, tira el cemento. Es
solo un animal, quién lo mandó a meterse ahí.” Me sorprendió mucho porque si
bien es cierto que es un sapo, tiene vida. Los logré convencer para no tirar el
cemento en lo que iba en busca de un pala para sacarlo del fondo. La encontré, me tiré a lo profundo, lo tomé
con la pala y lo saqué. Inmediatamente tocó la grama, comenzó a saltar como si
estuviese agradecido. Pienso que ésta historia puede serte útil.“
Luego de escuchar
atentamente esa maravillosa historia de parte de mi papá, el día me regaló tres
palabras ausentes de la vida humana en estos días fríos, donde el
individualismo nos ha vencido. La primera, empatía. Popularmente conocida, muy
pocas veces practicada. No es otra cosa que ponerse en el lugar de otro y
permitir al mismo tiempo que se pongan en el tuyo. La segunda, compasión. La
defino como la acción de darte la oportunidad de sensibilizarte ante el mal
ajeno. En tercer y último lugar, pero no menos importante, el perdón. El perdón
para mí es, disipar las ofensas que en algún momento hiciste o te hicieron.
Estas tres palabras no tienen que ver nada con cargar al mundo sobre tus
hombros, pero sí tienen todo que ver con sensibilizarnos, servirle al mundo,
ser apoyo para los demás y sobre todas las cosas amarte, amar.
Sé que igual que
el sapo has estado en el fondo. Sé que muchas veces has sentido como quieren
echarte cemento por encima, aún cuando ven que no puedes hacer nada, que no
puedes salir del fondo sin apoyo. ¿Cómo se sintió? ¿Te dolió? ¿Qué era lo que
esperabas de quienes estaban arriba gritando?
Porque todos en
algún momento hemos estado en el fondo debemos practicar empatía, compasión y
perdón. Por eso, la próxima vez que veas a alguien en el fondo, apóyale,
oriéntale, háblale, extiéndele tu mano, ve al rescate, exprésale que estás ahí,
concédele la oportunidad de vivir, pero sobre todas las cosas ámale. Cada vez
que veas a alguien en el fondo, mírate a ti y recuerda las veces que has estado
ahí. Recuerda como en el momento más desesperante, cuando todos gritaban,
cuando te iban a echar el cemento encima, Dios en su amor, usó a alguien para
sacarte del fondo. Hoy es el día para dar por gracia lo que una vez te dieron,
para perdonar como una vez te perdonaron, para amar como una vez te amaron.
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