04 julio 2013

Regalo 20: Lo que el día me regaló



Por: Víctor Rafael

Dedicado con mucho amor a mi Papá. Gracias por enseñarme a ver el regalo que cada día tiene para mí. Eres un gran maestro de la vida. 

            Una tarde, luego de un día largo de trabajo, el día me regaló una conversación con papá.

            Oye pay. - Como me dice cariñosamente
            Dime papá. - Contesté como si supiese de antemano lo que él iba a decir
            Ahora que estás escribiendo, quiero contarte Lo que el día me regaló.
            ¿Qué fue lo que el día te regalo?- Le pregunté sorprendido.

Sonrió y comenzó a contarme…
           
“Hoy en el trabajo estábamos tirando cemento y en el fondo del lugar había un sapo. Todos, con mucho coraje, empezaron a gritar; “Olvídate del sapo, tira el cemento. Es solo un animal, quién lo mandó a meterse ahí.” Me sorprendió mucho porque si bien es cierto que es un sapo, tiene vida. Los logré convencer para no tirar el cemento en lo que iba en busca de un pala para sacarlo del fondo.  La encontré, me tiré a lo profundo, lo tomé con la pala y lo saqué. Inmediatamente tocó la grama, comenzó a saltar como si estuviese agradecido. Pienso que ésta historia puede serte útil.“

Luego de escuchar atentamente esa maravillosa historia de parte de mi papá, el día me regaló tres palabras ausentes de la vida humana en estos días fríos, donde el individualismo nos ha vencido. La primera, empatía. Popularmente conocida, muy pocas veces practicada. No es otra cosa que ponerse en el lugar de otro y permitir al mismo tiempo que se pongan en el tuyo. La segunda, compasión. La defino como la acción de darte la oportunidad de sensibilizarte ante el mal ajeno. En tercer y último lugar, pero no menos importante, el perdón. El perdón para mí es, disipar las ofensas que en algún momento hiciste o te hicieron. Estas tres palabras no tienen que ver nada con cargar al mundo sobre tus hombros, pero sí tienen todo que ver con sensibilizarnos, servirle al mundo, ser apoyo para los demás y sobre todas las cosas amarte, amar.
Sé que igual que el sapo has estado en el fondo. Sé que muchas veces has sentido como quieren echarte cemento por encima, aún cuando ven que no puedes hacer nada, que no puedes salir del fondo sin apoyo. ¿Cómo se sintió? ¿Te dolió? ¿Qué era lo que esperabas de quienes estaban arriba gritando?
Porque todos en algún momento hemos estado en el fondo debemos practicar empatía, compasión y perdón. Por eso, la próxima vez que veas a alguien en el fondo, apóyale, oriéntale, háblale, extiéndele tu mano, ve al rescate, exprésale que estás ahí, concédele la oportunidad de vivir, pero sobre todas las cosas ámale. Cada vez que veas a alguien en el fondo, mírate a ti y recuerda las veces que has estado ahí. Recuerda como en el momento más desesperante, cuando todos gritaban, cuando te iban a echar el cemento encima, Dios en su amor, usó a alguien para sacarte del fondo. Hoy es el día para dar por gracia lo que una vez te dieron, para perdonar como una vez te perdonaron, para amar como una vez te amaron.  




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