Por:
Víctor Rafael
El
juez falló en contra del acusado y dictó su sentencia: “No entraré ahí, eso
está sucio y no veré nada interesante allá abajo.” Frente a la playa, de pies,
minutos antes de comenzar la actividad de “Snorkeling”,
el mar de color marrón claro, era para mí, una anticipación de todo lo que no
podría encontrar bajo las olas. La negación y resistencia me llenaron la cabeza
de malos pensamientos acerca de si debía o no lanzarme a la profundidad de
aquella playa. “Que no iba a ver peces” , “que eso no funcionaría”, “que yo sé
que cuando el mar está de esa manera es porque no hay nada interesante en él”, “que
no me voy a meter la playa porque ya sé que cuando el mar está de color marrón
es porque está sucio”, etcétera. Lo que acabas de leer es exactamente lo que
pensé antes de lanzarme a nadar.
Para
mi sorpresa, cuando me sumergí en aquella playa, a simple vista sucia, me
encontré con un arrecife de coral. Allí abajo, había un sinnúmero de peces que
le daban vida a aquel silencioso espacio. Mientras más profundo iba, más y
mejores cosas veía. La creación estaba delante de mí, dejándose ver, me
invitaba a seguir conociéndola y a sumergirme en ella. ¡Qué regalo!
¿Cuántas
veces he hecho juicios acerca de personas, lugares o cosas? Me paralizó el
pensamiento y comencé a buscar dentro de mí. Es impresionante ver como he
permitido que lo que pienso de alguien o algo sea mucho más grande que la misma
persona, lugar o cosa. Es impresionante ver como he renunciado, como he fallado
en contra de alguien o algo sin antes haberme dado la oportunidad de conocerle.
Me resulta curioso porque a pesar de lo marrón que podía estar el agua, lo que
había debajo era un ambiente totalmente colorido y vivo.
Ese
día me di cuenta que es casi suicidio social pensar por alguien más. Que
caminar emitiendo juicios sobre las personas, lugares o cosas por lo que solo
puedo ver, únicamente me aguanta. Si lees con atención, lo que vi bajo el agua color
marrón claro, era hermoso. De la misma manera, cada persona que está a tu
alrededor podría sorprenderte, con tan solo darle la oportunidad de ser quien
es y no quien crees que puede ser. Cada cosa que parece extraña podría resultar
siendo algo de bendición para nuestra vida. Cada lugar que parezca hostil, feo
o amenazante podría terminar siendo el sitio perfecto para estar en paz contigo
y con los demás.
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Regalo 21: El juez que vive en mí. by Víctor Rafael is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
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