11 julio 2013

Regalo 21: El juez que vive en mí.


Por: Víctor Rafael

            El juez falló en contra del acusado y dictó su sentencia: “No entraré ahí, eso está sucio y no veré nada interesante allá abajo.” Frente a la playa, de pies, minutos antes de comenzar la actividad de “Snorkeling”, el mar de color marrón claro, era para mí, una anticipación de todo lo que no podría encontrar bajo las olas. La negación y resistencia me llenaron la cabeza de malos pensamientos acerca de si debía o no lanzarme a la profundidad de aquella playa. “Que no iba a ver peces” , “que eso no funcionaría”, “que yo sé que cuando el mar está de esa manera es porque no hay nada interesante en él”, “que no me voy a meter la playa porque ya sé que cuando el mar está de color marrón es porque está sucio”, etcétera. Lo que acabas de leer es exactamente lo que pensé antes de lanzarme a nadar.
            Para mi sorpresa, cuando me sumergí en aquella playa, a simple vista sucia, me encontré con un arrecife de coral. Allí abajo, había un sinnúmero de peces que le daban vida a aquel silencioso espacio. Mientras más profundo iba, más y mejores cosas veía. La creación estaba delante de mí, dejándose ver, me invitaba a seguir conociéndola y a sumergirme en ella. ¡Qué regalo!
            ¿Cuántas veces he hecho juicios acerca de personas, lugares o cosas? Me paralizó el pensamiento y comencé a buscar dentro de mí. Es impresionante ver como he permitido que lo que pienso de alguien o algo sea mucho más grande que la misma persona, lugar o cosa. Es impresionante ver como he renunciado, como he fallado en contra de alguien o algo sin antes haberme dado la oportunidad de conocerle. Me resulta curioso porque a pesar de lo marrón que podía estar el agua, lo que había debajo era un ambiente totalmente colorido y vivo.
            Ese día me di cuenta que es casi suicidio social pensar por alguien más. Que caminar emitiendo juicios sobre las personas, lugares o cosas por lo que solo puedo ver, únicamente me aguanta. Si lees con atención, lo que vi bajo el agua color marrón claro, era hermoso. De la misma manera, cada persona que está a tu alrededor podría sorprenderte, con tan solo darle la oportunidad de ser quien es y no quien crees que puede ser. Cada cosa que parece extraña podría resultar siendo algo de bendición para nuestra vida. Cada lugar que parezca hostil, feo o amenazante podría terminar siendo el sitio perfecto para estar en paz contigo y con los demás.


           La manera en que camino por la vida emitiendo juicios sobre lo que me rodea, me cierra las puertas a lo próximo en la vida. Lo peor de todo es que eso es solo un reflejo de la falta de confianza en mí, una manifestación de inseguridad, creada únicamente por lo que pienso que puede pasar. Los juicios por lugares, personas o cosas son el vivo reflejo de los miedos más profundos que tengo y que atormentan mi corazón. Es el pasado cobrando vida dentro de mí, haciéndose dueño y señor de todo lo que soy. Cuando permito que el juicio  sea lo primero en mi vida, permito al mismo tiempo que poco a poco vaya matando todo lo que un día vivió intensamente en mí e inconscientemente me lacero, ni soy ni permito que lo otro sea. Camina, sé libre  y permite que todo a tu alrededor te revele el regalo que es. Sin juicios, disfruta. Estoy seguro que todo será de bendición para tu vida. “No tengas miedo de hacer cosas nuevas, si aciertas tendrás tu recompensa, si fallas una experiencia más.” 


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