06 marzo 2014

Regalo 55: ¡Atención!


Por: Víctor Rafael

            La vida en esencia tiene sentido las veces que pongo en primer lugar lo que en efecto merece estar como lo que importa más. No existe la posibilidad de estar bien conmigo, tampoco de agradar a alguien, mucho menos la oportunidad de ser feliz genuinamente cuando mantengo lejos de mí  lo que ocupa, por orden natural, un espacio especial en mi corazón.
Mientras comía la semana pasada un típico plato de arroz, la vida me regaló una de las lecciones más importantes que jamás había aprendido. Ya terminando, intenté comer de un solo bocado lo que quedaba; como era demasiado, la mitad de lo que había alcanzado a tomar con la cuchara cayó al palto nuevamente. Recordé que mi bisabuelo me dijo años antes de morir; “El que mucho abarca, poco aprieta.”
            Así pasa en la vida, el afán por querer hacer más de lo que realmente está en mis manos acaba con todo. Me enfoco tanto en cumplir con las responsabilidades impuestas por la sociedad que abandono lo más importante en mi vida. Reconozco que tengo una serie de responsabilidades con las que debo cumplir, pero al mismo tiempo puedo ver claramente que cantidad no es sinónimo de calidad. No por hacer mucho, soy más.
            Hasta hace algún tiempo dediqué todo de mí a servir y realizar diversas actividades en distintos escenarios. Estuve tan ocupado que el tiempo se hacía cada vez menos, mantenía mi vista girando en torno a mis asuntos y en ocasiones rompía los acuerdos que yo mismo había creado. Poco a poco mis relaciones fueron enfriándose y las personas que estaban más cerca de mí comenzaron a reclamar el tiempo que merecían, incluso yo anhelaba tener tiempo para hacer las cosas que más me apasionaban. En un principio el egoísmo me hizo pensar que ignorar los “berrinches” de las personas que había abandonado era una solución viable; sin embargo, el amor me hizo entender que mi familia y yo merecemos tiempo de calidad juntos. Abandoné responsablemente lo que carecía de importancia, delegué las cosas que otros podían realizar y creé espacios en los que pudiera compartir con mi familia. Ya podía conversar con mi mamá, cantar mientras mi papá tocaba el piano, acompañar a mis hermanos al parque, conversar de tú a tú con mis amistades. Escogí no ser una cara ausente, una voz al otro lado del teléfono, unos dedos sobre un teclado, una persona distante y comencé a vivir cerca de la gente que amo. Puse en orden mis prioridades y mi vida fue transformada.
            Tu familia nunca será tu fuente principal de ingresos, mas siempre será tu interminable fuente de felicidad. Los momentos de calidad que pases junto a ellos no tendrán mucho valor económico, mas siempre quedarán grabados en tu mente como experiencias transformadoras y llenas de amor. Nunca el espacio donde sirves te llenará tanto como un momento de risas y amor. El egoísmo no solo lo practican quienes viven haciendo daño, también lo practican las personas que no saben ni quieren reconocer lo que el corazón de quienes le rodean pide a gritos... ¡Atención!
            Hoy la invitación es simple, construye relaciones saludables donde estés presente y puedas demostrarle a las personas que amas con hechos lo importante que son para ti. Delega, suelta, despójate, deshazte de todo aquello que te mantiene lejos, distante, ausente. Entrégate, ocúpate por lo que verdaderamente tiene importancia y te aseguro que tu vida jamás será la misma. 


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