Por:
Víctor Rafael
Para Dios. Gracias por tu eterna bendición. Lo que en algún momento pensé que sería el fin, se convirtió en la cara de un nuevo camino. ¡Aceptado en el Programa Graduado de Consejería en Rehabilitación de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras!
La
mejor parte de las veces que he fracasado es lo que aprendí. Como a todo, día a
día estoy expuesto a la posibilidad de fracasar y no por eso precisamente voy a
dejar de enfrentar los retos de la vida. Contrario a eso, debo armarme de
fuerza, valor y fe para aprender a ver tanto en lo bueno como en lo malo la
posibilidad de ser bendecido no importa que.
El
pasado año tomé dos veces el examen de admisión a estudios graduados. Requería
una puntuación mínima para entrar a mi primera opción. Lo tomé dos veces y dos
veces fracasé en el intento. El resultado de ese examen no dice nada sobre mi
persona, pero aún así no pude dejar de sentirme como cualquier persona
fracasada se siente. Ahora estaba obligado a volver mi mirada hacia una segunda
opción y no sólo eso, también estaba siendo probado una vez más por Dios. Era
una invitación, que a simple vista no alcancé a ver en aquel momento, para
confiar en su plan. Tomé una decisión por mi segunda opción y finalmente, el
pasado viernes, fui aceptado al grado de maestría que solicité.
Ahora
me encuentro feliz y me siento bendecido por la oportunidad que he recibido. Y
pensando en cómo se han dado las cosas, definitivamente éste era el lugar donde
pertenezco, el otro es el lugar por el que debía pasar para reconocerlo. Desde
aquí puedo ver y cumplir con lo que entiendo es mi propósito en la vida.
Es
grande la manera en que Dios actúa a través de todo lo que me pasa diariamente.
Dios amarra su vida y la mía utilizando las experiencias que vivo como un cordón
inquebrantable. Cuando caigo, ahí está. Igual pasa cuando sonrío, lloro o
fracaso. Lo mismo hace contigo. Juega contigo a que lo aprendas a ver en todo
lo que vives. Ganas cuando aprendes a reconocer la bendición aún en el momento
de la derrota.
Es
difícil y lo sé porque lo he vivido que es sumamente doloroso fracasar. Niños,
jóvenes y adultos fracasan diariamente lo que convierte éste evento en algo más
común de lo que pienso. Por alguna razón u otra en lo primero que pienso cada
vez que fallo es en que el Mundo se va a terminar. Los sentimientos que evoca
la pérdida de lo que pensaba correcto me hacen detenerme por un tiempo.
Entonces recuerdo que alguien alguna vez me dijo; “Ten los brazos siempre abiertos para recibir todo lo que la vida
tiene para ofrecerte...y déjalos así, abiertos, porque hay cosas que como
llegan, se tienen que ir.” Se tienen que ir no para hacerme sufrir. Se va porque
ya cumplió su misión en mi vida, porque es momento de que vea una nueva
temporada.
No sé por lo que has pasado, o por lo que estás pasando.
Es posible que en este momento de tu vida hayas fracasado en alguna área. Una
relación, tus planes cambiaron repentinamente, un familiar partió, una amistad
se quebró. Podría continuar dando ejemplos pero no… no es para lo que estoy escribiendo
hoy. Hoy te escribo para decirte, llora, grita, date permiso de sentir el
fracaso de cerca. Desahógate y cuando te sientas listo o lista déjalo ir. Acto
seguido mantén tus brazos abiertos, no te cierres a la posibilidad de ver en el
momento de dolor la bendición de Dios sobre ti. El fracaso, el final, cuando
algo termina abre espacio para que algo nuevo venga sobre ti. Confía.
@victor_rafael9 | @eldiameregalo | Lo que el día me regaló © 2014
Regalo 61: Lo que aprendí del fracaso. by Víctor Rafael is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.
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