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16 abril 2014

Regalo 61: Lo que aprendí del fracaso.

Por: Víctor Rafael

Para Dios. Gracias por tu eterna bendición. Lo que en algún momento pensé que sería el fin, se convirtió en la cara de un nuevo camino. ¡Aceptado en el Programa Graduado de Consejería en Rehabilitación de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras!

            La mejor parte de las veces que he fracasado es lo que aprendí. Como a todo, día a día estoy expuesto a la posibilidad de fracasar y no por eso precisamente voy a dejar de enfrentar los retos de la vida. Contrario a eso, debo armarme de fuerza, valor y fe para aprender a ver tanto en lo bueno como en lo malo la posibilidad de ser bendecido no importa que.
            El pasado año tomé dos veces el examen de admisión a estudios graduados. Requería una puntuación mínima para entrar a mi primera opción. Lo tomé dos veces y dos veces fracasé en el intento. El resultado de ese examen no dice nada sobre mi persona, pero aún así no pude dejar de sentirme como cualquier persona fracasada se siente. Ahora estaba obligado a volver mi mirada hacia una segunda opción y no sólo eso, también estaba siendo probado una vez más por Dios. Era una invitación, que a simple vista no alcancé a ver en aquel momento, para confiar en su plan. Tomé una decisión por mi segunda opción y finalmente, el pasado viernes, fui aceptado al grado de maestría que solicité.
            Ahora me encuentro feliz y me siento bendecido por la oportunidad que he recibido. Y pensando en cómo se han dado las cosas, definitivamente éste era el lugar donde pertenezco, el otro es el lugar por el que debía pasar para reconocerlo. Desde aquí puedo ver y cumplir con lo que entiendo es mi propósito en la vida.
            Es grande la manera en que Dios actúa a través de todo lo que me pasa diariamente. Dios amarra su vida y la mía utilizando las experiencias que vivo como un cordón inquebrantable. Cuando caigo, ahí está. Igual pasa cuando sonrío, lloro o fracaso. Lo mismo hace contigo. Juega contigo a que lo aprendas a ver en todo lo que vives. Ganas cuando aprendes a reconocer la bendición aún en el momento de la derrota.
            Es difícil y lo sé porque lo he vivido que es sumamente doloroso fracasar. Niños, jóvenes y adultos fracasan diariamente lo que convierte éste evento en algo más común de lo que pienso. Por alguna razón u otra en lo primero que pienso cada vez que fallo es en que el Mundo se va a terminar. Los sentimientos que evoca la pérdida de lo que pensaba correcto me hacen detenerme por un tiempo. Entonces recuerdo que alguien alguna vez me dijo; “Ten los brazos siempre abiertos para recibir todo lo que la vida tiene para ofrecerte...y déjalos así, abiertos, porque hay cosas que como llegan, se tienen que ir.” Se tienen que ir no para hacerme sufrir. Se va porque ya cumplió su misión en mi vida, porque es momento de que vea una nueva temporada.

            No sé por lo que has pasado, o por lo que estás pasando. Es posible que en este momento de tu vida hayas fracasado en alguna área. Una relación, tus planes cambiaron repentinamente, un familiar partió, una amistad se quebró. Podría continuar dando ejemplos pero no… no es para lo que estoy escribiendo hoy. Hoy te escribo para decirte, llora, grita, date permiso de sentir el fracaso de cerca. Desahógate y cuando te sientas listo o lista déjalo ir. Acto seguido mantén tus brazos abiertos, no te cierres a la posibilidad de ver en el momento de dolor la bendición de Dios sobre ti. El fracaso, el final, cuando algo termina abre espacio para que algo nuevo venga sobre ti. Confía.


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Regalo 61: Lo que aprendí del fracaso. by Víctor Rafael is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.


27 febrero 2014

Regalo 54: El amor se presentó y dijo…


Foto | Alex Colón © 2014

Por: Víctor Rafael

            En un resbalón reconocí el camino que debía seguir, no porque el miedo fue más que yo, sino porque vivir en el suelo no era una opción para mí.
Hace algún tiempo decidí tomar una cámara y caminar en compañía de un gran amigo para capturar algunas imágenes cerca de mi casa. En el campo es muy común ver alambres de púas dividiendo los terrenos; sé, porque lo he vivido antes, que éstos pueden ocasionar dolorosas heridas. Le advertí a mi amigo que se alejara de ellos, que no los tocara porque podría hacerse daño pero él decidió acercarse para tomar algunas fotos, de repente resbaló y extendió instintivamente su mano hacia el alambre buscando apoyo para no caer y se hincó con una de las púas ocasionándose una profunda herida.
            Sucede muchas veces que vamos en una dirección, vemos que nos estamos acercando al peligro, nos advierten lo que va a suceder y aún así escogemos pasar por la experiencia ocasionándonos heridas que marcan nuestra vida para siempre. En ese momento los deseos frustrados de volver el tiempo atrás nos ponen de cara al suelo, el dolor que se pudo haber evitado se hace más fuerte y el remordimiento por lo que se pudo haber sido nos acompaña durante todo el camino de regreso.
            Es muy común ver escenarios como este en nuestra vida. El pensamiento social colectivo nos dice que nadie aprende de las experiencias ajenas pero la  realidad es que si prestáramos especial atención a lo que han vivido las personas que están a nuestro alrededor sin duda alguna evitaríamos muchísimas experiencias dolorosas. Es cierto que Dios permite ciertas cosas para formar nuestro corazón, pero al mismo tiempo quiere que aprendamos de lo que otros ya han vivido; pues cuando sumamos nuestras experiencias a las de los demás hacemos un todo que sin duda alguna nos apoyará de distintas maneras.
            Desde mi punto de vista, son nuestras decisiones las que nos forman. Para bien o para mal éstas muchas veces tienen un efecto irreversible en todo lo que hacemos. Escogemos nuestra pareja, trabajo, con quien relacionarnos, lo que vamos a hacer con nuestra vida profesional; en fin, Dios nos dio la capacidad de escoger casi todo lo que tenemos a la mano. Es necesario que nos hagamos sensibles a las señales que el camino nos presenta: una voz amiga, un consejo, un llamado, una corazonada, lo que alguien más vivió. Es pertinente que quitemos la venda de nuestros ojos para comenzar a tomar decisiones saludables. Pero de todo, lo más importante es que aprendamos a ver en los eventos dolor de los demás, una oportunidad perfecta para caminar en dirección contraria.
El amor se presentó y dijo: Las historias no tienen que repetirse, no existe razón para vivir en el dolor, no hace falta auto mutilarse para ganar. Las señales solo anuncian el camino que debes seguir, las voces hablan por experiencia y yo me presento siempre para guiarte por el mejor camino… escúchame. Regálate la oportunidad de vivir, aprende lo más que puedas y sobre todas las cosas cuida de ti… guarda tu corazón.

@victor_rafael9 | Lo que el día me regaló © 2014

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10 octubre 2013

Regalo 34: Tocando fondo.


Por: Víctor Rafael

Entonces entendí que siempre dependió de actitud y determinación. No porque una cosa no pueda existir sin la otra, sino porque la suma de estas dos maneras de ser tienen la capacidad de sacar a quien sea de cualquier problema por más grande que parezca. Aunque por muchos años me dije, “estoy cansado de esto”, nunca me atreví a hacer nada para salir de ahí. Resistí el “problema” hasta el cansancio, nadé muchos años en la superficie, batallé con fuerzas que ya no tenía, sin darme cuenta de que siempre estuvo en mis manos salir de donde estaba. 
A través de sus ojos, estoy seguro que era una simple clase de natación. Desde los míos era el regalo.
El ejercicio consistía en mantenerse en la superficie utilizando los brazos y piernas moviéndolos continuamente para evitar hundirse. Luego de algún tiempo le ganó el cansancio y gritó con desesperación, “¡No puedo más!” El maestro, que observaba lo que ocurría con atención le dijo, “Toca el fondo e impúlsate hacia la orilla.” Respiró profundamente, se dejó hundir, luego se impulsó usando las piernas y logró salir nadando hacia el borde de la piscina.
Esta oportuna clase de natación solo me hizo pensar en las circunstancias que me han puesto en el lugar donde estoy hoy. A través de la vida he pasado por muchas situaciones en las que mirando al cielo he gritado “¡No puedo más!” Y mirando bien cada una de mis historias siempre la actitud y determinación jugaron un papel protagónico en el camino hacia la sanación, hacia la libertad, hacia el perdón.
Es admirable esta clase de amor. Un amor que no me carga, mostrándome el camino hacia la salida sin caminarlo por mí, sino diciéndome, “Ve, toca el fondo y nada hacia el borde.” El amor de Dios ha  permitido que toque el fondo en muchas ocasiones. En primer lugar porque me quiere ver feliz y viviendo saludablemente. A toda costa quiere sacar de mí, lo mejor. En segundo lugar me ha hecho tocar el fondo para que no olvide que soy humano, que siento y padezco, que debo darle valor a cada una de las experiencias que he vivido. En tercer lugar para recordarme que para cada situación incómoda, por más desagradable que esta parezca, siempre habrá una salida y que la fuerza que necesito para salir está en mis manos.
Posiblemente llevas mucho tiempo nadando en el mismo problema y el cansancio en este punto de la vida te está ganando. Puede que en este momento estés buscando cómo salir, ignorando por completo que la solución está en tus manos. Hoy es tiempo de salir de la piscina de los problemas, hoy es el día que pones fin a esa situación incómoda que está atormentando tu vida. Atrévete, con actitud ve al fondo y en el camino disfruta del regalo de ser humano. Dale valor a todo lo que experimentes, busca fuerzas allí,  encuentra el regalo y con determinación ve nadando hacia la orilla. Cuando llegues allí agradece por cada uno de los eventos que pasaron, disfruta de las circunstancias y nunca olvides que depende de ti, la solución siempre está en tus manos. Dios quiere verte feliz, que aprendas, que vivas, que llegues a la orilla.


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Regalo 34: Para llegar a la orilla. by Víctor Rafael is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.