Por:
Víctor Rafael
Mi
vida en una soga. No por su color, tamaño o por el material del que está hecha,
sino por la cantidad de nudos que la empequeñecían. Sin libertad para desatar
mi felicidad. Sin valor para enfrentarme al enredo que creé mientras fui
restando importancia a los pequeños nudos que día a día fueron formándose. ¿Es
útil la soga cuando está enredada? No, no es útil. ¿Puedo ir a lo próximo
arrastrando los nudos de mi soga existencial? No, no puedo. Entonces, la
libertad que busco está en mis manos, dentro de mí. El valor que necesito para
desatar los nudos de mi existencia aguarda por ser liberado, mientras decido
cuándo darme la oportunidad de acabar con lo enredado.
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| Foto por: Ronald Avila |
Aquella tarde, para
mecerme en la hamaca, debía primero deshacer los nudos que se habían formado en
la soga. No llegaron allí solos, se fueron formando porque nunca antes me
detuve a desenredarlos luego de un buen momento de lectura. Habían tantos que
la soga no daba para colgar la hamaca de un lugar a otro. Entonces la tarde se
pintó de escenas vividas, asuntos que había dejado incompletos, nudos que había
ignorado por mucho tiempo y la vida me mostró
en blanco y negro, de la manera más cruda posible todo lo que a partir de ahora
debía quitar para finalmente poder extenderme y disfrutar de la vida a
plenitud.
En efecto nunca
me había detenido responsablemente a mirar qué cosas tenía que sacar de en medio.
Tal vez por ignorancia, miedo, ausencia de valor, pero no lo había hecho jamás.
Ahora bien, el regalo estaba ahí, Dios me estaba poniendo un sencillo ejemplo
frente a mí; “Una soga enredada no funciona.” En resumen, “No podrás ir jamás a
lo próximo en la vida, si no desenredas los nudos que llevas arrastrando todo
este tiempo. Para caminar libre hay que desatarse, liberarse, desenredarse.”
¿Qué tienes que
desenredar? ¿A qué tienes que ponerle fin? Hoy te invito a detenerte un momento
a mirar aquello que sabes, desde hace mucho tiempo, que debes que desenredar.
Ahora no te hagas culpable por lo que dejaste inconcluso, hazte responsable,
ármate de valor, enfrenta tus nudos y ponles fin de una vez y por todas todo
aquello que te está empequeñeciendo.
De seguro hará
falta una conversación contigo, con alguien. Posiblemente un encuentro, una
llamada, un mensaje, una mirada, un rato contigo será necesario para desatar
nudos y ponerle fin a ciertos asuntos. Estoy seguro que si en compañía del
perdón, la compasión y el valor, enfrentas los nudos existenciales que te están
ahorcando, encontrar sanación será mucho más fácil. Es probable que duela
o incomode, pero es preciso desatar los
nudos para vivir en paz. No esperes más, deshazte de lo que te ata hoy, no por
nadie, sino por ti, por tu bienestar. Sé que en ocasiones has coqueteado con la
mentira, “Estoy bien, no tengo nada que resolver. Lo que pasó, pasó y no tengo
por qué resolver asuntos con nadie.” Dejo claro que siempre habrá trabajo por
hacer. Con tus manos desata los nudos, estira la soga, disfruta lo que se
siente vivir libre y permite que la vida te sonría.
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