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05 septiembre 2013

Regalo 29: La libertad que busco.


Por: Víctor Rafael

            Mi vida en una soga. No por su color, tamaño o por el material del que está hecha, sino por la cantidad de nudos que la empequeñecían. Sin libertad para desatar mi felicidad. Sin valor para enfrentarme al enredo que creé mientras fui restando importancia a los pequeños nudos que día a día fueron formándose. ¿Es útil la soga cuando está enredada? No, no es útil. ¿Puedo ir a lo próximo arrastrando los nudos de mi soga existencial? No, no puedo. Entonces, la libertad que busco está en mis manos, dentro de mí. El valor que necesito para desatar los nudos de mi existencia aguarda por ser liberado, mientras decido cuándo darme la oportunidad de acabar con lo enredado.
Foto por: Ronald Avila
Aquella tarde, para mecerme en la hamaca, debía primero deshacer los nudos que se habían formado en la soga. No llegaron allí solos, se fueron formando porque nunca antes me detuve a desenredarlos luego de un buen momento de lectura. Habían tantos que la soga no daba para colgar la hamaca de un lugar a otro. Entonces la tarde se pintó de escenas vividas, asuntos que había dejado incompletos, nudos que había ignorado por mucho tiempo y  la vida me mostró en blanco y negro, de la manera más cruda posible todo lo que a partir de ahora debía quitar para finalmente poder extenderme y disfrutar de la vida a plenitud.
En efecto nunca me había detenido responsablemente a mirar qué cosas tenía que sacar de en medio. Tal vez por ignorancia, miedo, ausencia de valor, pero no lo había hecho jamás. Ahora bien, el regalo estaba ahí, Dios me estaba poniendo un sencillo ejemplo frente a mí; “Una soga enredada no funciona.” En resumen, “No podrás ir jamás a lo próximo en la vida, si no desenredas los nudos que llevas arrastrando todo este tiempo. Para caminar libre hay que desatarse, liberarse, desenredarse.”
¿Qué tienes que desenredar? ¿A qué tienes que ponerle fin? Hoy te invito a detenerte un momento a mirar aquello que sabes, desde hace mucho tiempo, que debes que desenredar. Ahora no te hagas culpable por lo que dejaste inconcluso, hazte responsable, ármate de valor, enfrenta tus nudos y ponles fin de una vez y por todas todo aquello que te está empequeñeciendo.
De seguro hará falta una conversación contigo, con alguien. Posiblemente un encuentro, una llamada, un mensaje, una mirada, un rato contigo será necesario para desatar nudos y ponerle fin a ciertos asuntos. Estoy seguro que si en compañía del perdón, la compasión y el valor, enfrentas los nudos existenciales que te están ahorcando, encontrar sanación será mucho más fácil. Es probable que duela o  incomode, pero es preciso desatar los nudos para vivir en paz. No esperes más, deshazte de lo que te ata hoy, no por nadie, sino por ti, por tu bienestar. Sé que en ocasiones has coqueteado con la mentira, “Estoy bien, no tengo nada que resolver. Lo que pasó, pasó y no tengo por qué resolver asuntos con nadie.” Dejo claro que siempre habrá trabajo por hacer. Con tus manos desata los nudos, estira la soga, disfruta lo que se siente vivir libre y permite que la vida te sonría.


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Regalo 29: La libertad que busco. by Víctor Rafael is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.