Por:
Víctor Rafael
Dedicado con todo el amor del mundo a Andrea. Gracias porque me apoyaste en el proceso y me hiciste ver la puerta por la que entró la felicidad a mi vida. De todo corazón eres un ángel en mi vida. ¡Te amo!
Dedicado con todo el amor del mundo a Andrea. Gracias porque me apoyaste en el proceso y me hiciste ver la puerta por la que entró la felicidad a mi vida. De todo corazón eres un ángel en mi vida. ¡Te amo!
Sin
avisar, el fracaso me hizo una desagradable visita. No pidió permiso y
brutalmente me arrebató de las manos aquello que en algún momento de mi vida
pensé que sería para siempre, eterno, sin fin. Me culpé porque no fui
“suficiente” para mantener cerca de mí aquello que se me había quitado y después le reclamé a Dios “¿Por qué?” Pero Él,
como todo lo hace perfecto, me hizo esperar al día siguiente para mostrarme la
respuesta.
En
una oficina cualquiera donde va gente igual que tú y yo. Haciendo una fila como
la que posiblemente has hecho innumerables veces. Solo y al mismo tiempo con
mucha gente alrededor, pude ver a un niño cerrando y abriendo una puerta
repetidamente. La madre del niño, impulsada por la queja de una Señora, lo
regañó; “¡Deja esa puerta ya!” En lo que una y otra cosa pasaba en aquel lugar,
llegó mi turno, resolví mis asuntos y caminé hacia la salida. El niño me
sonrió, abrió la puerta y en el momento justo que la crucé, Dios me respondió la
pregunta que le había hecho la noche anterior diciéndome “ Tranquilo, las
puertas se cierran y se abren con la misma facilidad.”
Aquel pequeño
juguetón, sin saberlo, me apoyó a manejarme en medio del mal tiempo. Me regaló paz,
esperanza y entusiasmo por lo que estaba por venir. Mi alma poco a poco comenzó
a sanar, Dios me fue mostrando su propósito conmigo y la simple idea de que
pronto alguna puerta se abriría delante de mí, cambió por completo mi actitud
hacia aquel frustrante evento de mi vida.
Con más
frecuencia de la que nos gustaría que pasara, se cierran puertas mientras vamos
caminando por la vida. Hay ocasiones que se cierran y no pasa nada dentro o
fuera de nosotros. Pero hay ocasiones en las que las puertas se cierran y
pensamos que nuestro mundo se acabará, que no podremos continuar o que la vida
no tiene sentido. Es en ese preciso momento que nos damos cuenta de que cuando
una puerta se cierra hay muy poco que podamos hacer. Por fe, las puertas se
cierran porque lo que sea o quien sea que estaba al otro lado ha cumplido su
misión en nuestra vida. Porque ya nos regalaron de sí, lo que debíamos recibir,
cumplieron su propósito en nuestra vida y ahora debemos pasar a tocar la
próxima puerta. Visítame: www.facebook.com/loqueeldiameregalo
Regalo 35: Se abren las puertas. by Víctor Rafael is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.