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17 octubre 2013

Regalo 35: Se abren las puertas.


Por: Víctor Rafael

             Dedicado con todo el amor del mundo a Andrea. Gracias porque me apoyaste en el proceso y me hiciste ver la puerta por la que entró la felicidad a mi vida. De todo corazón eres un ángel en mi vida. ¡Te amo!

            Sin avisar, el fracaso me hizo una desagradable visita. No pidió permiso y brutalmente me arrebató de las manos aquello que en algún momento de mi vida pensé que sería para siempre, eterno, sin fin. Me culpé porque no fui “suficiente” para mantener cerca de mí aquello que se me había quitado y  después le reclamé a Dios “¿Por qué?” Pero Él, como todo lo hace perfecto, me hizo esperar al día siguiente para mostrarme la respuesta.
            En una oficina cualquiera donde va gente igual que tú y yo. Haciendo una fila como la que posiblemente has hecho innumerables veces. Solo y al mismo tiempo con mucha gente alrededor, pude ver a un niño cerrando y abriendo una puerta repetidamente. La madre del niño, impulsada por la queja de una Señora, lo regañó; “¡Deja esa puerta ya!” En lo que una y otra cosa pasaba en aquel lugar, llegó mi turno, resolví mis asuntos y caminé hacia la salida. El niño me sonrió, abrió la puerta y en el momento justo que la crucé, Dios me respondió la pregunta que le había hecho la noche anterior diciéndome “ Tranquilo, las puertas se cierran y se abren con la misma facilidad.”
Aquel pequeño juguetón, sin saberlo, me apoyó a manejarme en medio del mal tiempo. Me regaló paz, esperanza y entusiasmo por lo que estaba por venir. Mi alma poco a poco comenzó a sanar, Dios me fue mostrando su propósito conmigo y la simple idea de que pronto alguna puerta se abriría delante de mí, cambió por completo mi actitud hacia aquel frustrante evento de mi vida.
Con más frecuencia de la que nos gustaría que pasara, se cierran puertas mientras vamos caminando por la vida. Hay ocasiones que se cierran y no pasa nada dentro o fuera de nosotros. Pero hay ocasiones en las que las puertas se cierran y pensamos que nuestro mundo se acabará, que no podremos continuar o que la vida no tiene sentido. Es en ese preciso momento que nos damos cuenta de que cuando una puerta se cierra hay muy poco que podamos hacer. Por fe, las puertas se cierran porque lo que sea o quien sea que estaba al otro lado ha cumplido su misión en nuestra vida. Porque ya nos regalaron de sí, lo que debíamos recibir, cumplieron su propósito en nuestra vida y ahora debemos pasar a tocar la próxima puerta.
            Levanta tu mirada, agradece, despídete de la puerta que se cerró, haz las pases con ella, acéptala, aprende del momento y déjala atrás. ¿Qué garantías tienes de ver alguna puerta abrirse para ti si mantienes tu mirada sobre la que está cerrada? Vuelve tu mirada hoy hacia lo próximo. No sé, no sabes quién o qué pueda estar detrás de la siguiente puerta esperando por ti. Camina feliz, confiando, en gratitud por lo que hasta ahora has vivido. Ve, tócala, porque estoy seguro de que hoy se abren las puertas para ti. 

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