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15 mayo 2014

Regalo 65: El lazarillo y el vidente.

Por: Víctor Rafael 

Hoy escogí regalarte de una manera distinta. Me tomé el atrevimiento de escribir este cuento hace algunos meses y finalmente decidí publicarlo. El mismo narra la historia de un hombre y su lazarillo. ¡Que lo disfrutes! 

Llegó y todos los que estaban allí se quedaron mirándolo. Sus grandes gafas oscuras, sus pasos inseguros y Sam, su perro guía, llamaron la atención de todas las personas que esperaban pacientemente por la siguiente guagua. Para quienes viven en el Barrio Sueña Grande, era muy común verlo caminar a esa hora del día, así que una señora muy noble le saludó con entusiasmo:

-¡Buenas tardes señor Rodrigo, qué alegría verlo por aquí!

Rodrigo le devolvió el saludo asintiendo con su cabeza y siguió caminando guiado por su perro. De repente, “el ciego”, como le decían las personas del barrio, se dispuso a cruzar la carretera principal. Anteriormente muchas personas se habían accidentado cruzándola, así que todos se asombraron y esperaron a ver lo que iba a suceder. Ante la mirada atónita de todos, una enorme cantidad de vehículos transitando y con pasos temblorosos, Rodrigo  cruzó la calle llegando al otro lado sin mayores dificultades. Una joven llamada Amelia, muy curiosa, se acercó a él, lo detuvo halándole la camisa sutilmente y le preguntó:

-Si usted es ciego, ¿cómo pudo cruzar la carretera sin que nada le pasara?

Rodrigo levantó sus gafas y le dijo:

-Mira mis ojos, la realidad es que no soy ciego, desde hace mucho tiempo puedo ver, quien verdaderamente es ciego es mi perro Sam.

La joven, sorprendida por su respuesta, le preguntó:

-¿Y por qué razón usted se deja guiar por un perro ciego?
           
-Pequeña. –Dijo Rodrigo sonriendo- Me dejo guiar por Sam porque él no reconoce los obstáculos, no los puede ver; él solo busca la manera de llegar al lugar que quiero. Cuando el miedo me ata de manos y pies, él es quien me apoya a moverme, me muestra el camino. La ceguera más terrible es la de los hombres y mujeres que pueden ver y aún viendo no aprender a reconocer el camino hacia la meta, la de aquellos que no terminan de entender que un obstáculo es sólo la señal perfecta de que vas por el camino indicado. Tú ya tienes edad para soñar, nunca dejes que los obstáculos sean más grandes que tus metas, cuando tengas un sueño sólo persíguelo, hazlo tuyo. Cuando un obstáculo se presente en el camino busca maneras para sobrepasarlo no razones para rendirte ante él.

Lágrimas brotaron de los ojos de aquella joven soñadora, a su corta edad vivía ciega… pero de espíritu, podía ver pero no transformar lo que más quería en algo real.  El señor le entregó un pequeño papel con una nota, ella dijo que lo leería al llegar a su casa, se despidió y recordó mientras caminaba las batallas perdidas contra el miedo. Minutos más tarde leyó la nota: “Cualquier momento es bueno para construir un nuevo camino. Las luchas que son motivadas por el deseo genuino de llegar a la meta, siempre son de bendición para quien escoge entrar al campo de batalla… sin importar el resultado final.”

Moraleja: Puedes ganar o perder, lo más importante es lo que aprendiste en el camino, los obstáculos que superaste, lo que diste de ti.




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Regalo 65: El lazarillo y el vidente. by Víctor Rafael is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.