Por: Víctor Rafael
Hoy escogí regalarte de una manera distinta. Me tomé el atrevimiento de escribir este cuento hace algunos meses y finalmente decidí publicarlo. El mismo narra la historia de un hombre y su lazarillo. ¡Que lo disfrutes!
Llegó y todos
los que estaban allí se quedaron mirándolo. Sus grandes gafas oscuras, sus
pasos inseguros y Sam, su perro guía, llamaron la atención de todas las
personas que esperaban pacientemente por la siguiente guagua. Para quienes
viven en el Barrio Sueña Grande, era muy común verlo caminar a esa hora del día,
así que una señora muy noble le saludó con entusiasmo:
-¡Buenas tardes
señor Rodrigo, qué alegría verlo por aquí!
Rodrigo le
devolvió el saludo asintiendo con su cabeza y siguió caminando guiado por su
perro. De repente, “el ciego”, como le decían las personas del barrio, se
dispuso a cruzar la carretera principal. Anteriormente muchas personas se
habían accidentado cruzándola, así que todos se asombraron y esperaron a ver
lo que iba a suceder. Ante la mirada atónita de todos, una enorme cantidad de
vehículos transitando y con pasos temblorosos, Rodrigo cruzó la calle llegando al otro lado sin
mayores dificultades. Una joven llamada Amelia, muy curiosa, se acercó a él, lo
detuvo halándole la camisa sutilmente y le preguntó:
-Si usted es
ciego, ¿cómo pudo cruzar la carretera sin que nada le pasara?
Rodrigo levantó
sus gafas y le dijo:
-Mira mis ojos,
la realidad es que no soy ciego, desde hace mucho tiempo puedo ver, quien
verdaderamente es ciego es mi perro Sam.
La joven, sorprendida
por su respuesta, le preguntó:
-¿Y por qué
razón usted se deja guiar por un perro ciego?
-Pequeña. –Dijo
Rodrigo sonriendo- Me dejo guiar por Sam porque él no reconoce los obstáculos,
no los puede ver; él solo busca la manera de llegar al lugar que quiero. Cuando
el miedo me ata de manos y pies, él es quien me apoya a moverme, me muestra el
camino. La ceguera más terrible es la de los hombres y mujeres que pueden ver y
aún viendo no aprender a reconocer el camino hacia la meta, la de aquellos que
no terminan de entender que un obstáculo es sólo la señal perfecta de que vas por
el camino indicado. Tú ya tienes edad para soñar, nunca dejes que los obstáculos
sean más grandes que tus metas, cuando tengas un sueño sólo persíguelo, hazlo
tuyo. Cuando un obstáculo se presente en el camino busca maneras para
sobrepasarlo no razones para rendirte ante él.
Lágrimas
brotaron de los ojos de aquella joven soñadora, a su corta edad vivía ciega…
pero de espíritu, podía ver pero no transformar lo que más quería en algo
real. El señor le entregó un pequeño
papel con una nota, ella dijo que lo leería al llegar a su casa, se despidió y
recordó mientras caminaba las batallas perdidas contra el miedo. Minutos más
tarde leyó la nota: “Cualquier momento es bueno para construir un nuevo camino.
Las luchas que son motivadas por el deseo genuino de llegar a la meta, siempre
son de bendición para quien escoge entrar al campo de batalla… sin importar el
resultado final.”
Moraleja:
Puedes ganar o perder, lo más importante es lo que aprendiste en el camino, los
obstáculos que superaste, lo que diste de ti.
Lo que el día me regaló © 2014
Regalo 65: El lazarillo y el vidente. by Víctor Rafael is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.
No hay comentarios:
Publicar un comentario