18 julio 2013

Regalo 22: El camino a la paz.


Por: Víctor Rafael

             Veintidós años me tomó darme cuenta del daño que me hacía cuando maldecía todo lo malo que había pasado. En la medida que me tomaba tiempo para cultivar malos sentimientos dentro de mí por todo lo ocurrido, me hundía, cada vez más, en el hoyo del rencor y el odio. Día tras día, cuando me invadían los recuerdos de un pasado atormentador, extirpaba de mi corazón cualquier posibilidad de sanar, pues lo único que hacía era odiar incalculablemente lo que había sido mi vida hasta hace algún tiempo.
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              Por alguna razón u otra, la sociedad, mi entorno, las circunstancias o cualquier otro elemento externo o interno, me obligaban a ir sobre los eventos negativos cargado con un sinnúmero de sentimientos que, en lugar de avanzar, hacían que me quedara en el mismo espacio. Pero para poder salir del hoyo donde estaba, debía primero ponerle nombre a lo que sentía. Solo había una sola manera de llamar a quien me invadía, a ese que había acabado con mi paz interior, a ese que en el momento menos esperado me recordaba todo lo que había pasado, a quien me repetía día tras día la película de la vida, su nombre es, Coraje. ¿Cómo puede vivir en paz alguien que tiene el corazón lleno de coraje?
             Enviada por Dios, la chica de pelo rojo preguntó, “¿Alguna recomendación para bajar el coraje?”. Entonces, luego del silencio, minutos después de haber leído eso, llegó a mí la respuesta directamente desde el cielo. Entre un pensamiento y otro me dije “Si maldecir, hablar mal o pensar negativamente del evento, persona o lugar, solo alimenta el coraje, ¿qué sería lo contrario? Lo contrario es bendecir.” Sí, así como lo lees, bendecir es la solución. En cierta manera aprender a amar el momento por más hostil, pesado, tormentoso o atropellador que haya sido. Bendecir aunque exija mucho de ti. Porque la única salida para sanar es aceptar lo que pasó tal y como ocurrió. Ni remotamente existe la posibilidad de borrar, eliminar o cambiar lo pasado. Así que en caso de que decidas vivir toda una vida amarrado al coraje, sigue maldiciendo, pensando mal, negándote a lo que pasó. Por el contrario, si quieres vivir, ser libre y feliz comienza a bendecir.
               ¿Qué te sigue atormentando? ¿Hace cuánto vives así? ¿Sabías que al igual que yo puedes cambiar el coraje por amor? Sí, es totalmente posible. Vamos, suelta eso que no te pertenece. Llevas cargando días, meses, años con algo que lo único que hace es dañarte y ¿sabes qué?, dañarse uno mismo no está permitido.
                Hoy quiero invitarte a avanzar, pero a ir hacia adelante de una manera distinta. Levanta la mirada, muestra una sonrisa, recoge del suelo lo que te pertenece, guarda únicamente lo que te funciona, suelta el coraje, comienza a caminar, bendice los momentos negativos hasta el cansancio, aprende a amar todo lo que pasó, camina libre, feliz porque te amas. Sin corajes, sin ataduras, solo porque sí, porque mereces vivir una vida plena y llena de amor. Recuerda, cuando la vida te recuerde todo lo malo que pasó, respira, agradece y bendice con amor el momento, lugar o persona que te causa coraje, es el único camino a la paz.  


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