Por:
Víctor Rafael
Entonces entendí
que siempre dependió de actitud y determinación. No porque una cosa no pueda
existir sin la otra, sino porque la suma de estas dos maneras de ser tienen la
capacidad de sacar a quien sea de cualquier problema por más grande que parezca. Aunque
por muchos años me dije, “estoy cansado de esto”, nunca me atreví a hacer nada
para salir de ahí. Resistí el “problema” hasta el cansancio, nadé muchos años
en la superficie, batallé con fuerzas que ya no tenía, sin darme cuenta de que
siempre estuvo en mis manos salir de donde estaba.
A través de sus
ojos, estoy seguro que era una simple clase de natación. Desde los míos era el
regalo.
El ejercicio
consistía en mantenerse en la superficie utilizando los brazos y piernas
moviéndolos continuamente para evitar hundirse. Luego de algún tiempo le ganó
el cansancio y gritó con desesperación, “¡No puedo más!” El maestro, que
observaba lo que ocurría con atención le dijo, “Toca el fondo e impúlsate hacia
la orilla.” Respiró profundamente, se dejó hundir, luego se impulsó usando las
piernas y logró salir nadando hacia el borde de la piscina.
Esta oportuna
clase de natación solo me hizo pensar en las circunstancias que me han puesto
en el lugar donde estoy hoy. A través de la vida he pasado por muchas situaciones
en las que mirando al cielo he gritado “¡No puedo más!” Y mirando bien cada una
de mis historias siempre la actitud y determinación jugaron un papel
protagónico en el camino hacia la sanación, hacia la libertad, hacia el perdón.
Es admirable
esta clase de amor. Un amor que no me carga, mostrándome el camino hacia la
salida sin caminarlo por mí, sino diciéndome, “Ve, toca el fondo y nada hacia
el borde.” El amor de Dios ha permitido
que toque el fondo en muchas ocasiones. En primer lugar porque me quiere ver
feliz y viviendo saludablemente. A toda costa quiere sacar de mí, lo mejor. En
segundo lugar me ha hecho tocar el fondo para que no olvide que soy humano, que
siento y padezco, que debo darle valor a cada una de las experiencias que he
vivido. En tercer lugar para recordarme que para cada situación incómoda, por
más desagradable que esta parezca, siempre habrá una salida y que la fuerza que
necesito para salir está en mis manos.
Posiblemente
llevas mucho tiempo nadando en el mismo problema y el cansancio en este punto
de la vida te está ganando. Puede que en este momento estés buscando cómo
salir, ignorando por completo que la solución está en tus manos. Hoy es tiempo
de salir de la piscina de los problemas, hoy es el día que pones fin a esa
situación incómoda que está atormentando tu vida. Atrévete, con actitud ve al
fondo y en el camino disfruta del regalo de ser humano. Dale valor a todo lo
que experimentes, busca fuerzas allí,
encuentra el regalo y con determinación ve nadando hacia la orilla. Cuando
llegues allí agradece por cada uno de los eventos que pasaron, disfruta de las
circunstancias y nunca olvides que depende de ti, la solución siempre está en
tus manos. Dios quiere verte feliz, que aprendas, que vivas, que llegues
a la orilla.
Regalo 34: Para llegar a la orilla. by Víctor Rafael is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

Me encantan tus reflexiones, cada día a pesar de tu juventud, escribes profundo, Dios te bendiga!
ResponderEliminarGracias por leer Elsandra. Lo que el día me regaló es para ti. :)
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