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27 febrero 2014

Regalo 54: El amor se presentó y dijo…


Foto | Alex Colón © 2014

Por: Víctor Rafael

            En un resbalón reconocí el camino que debía seguir, no porque el miedo fue más que yo, sino porque vivir en el suelo no era una opción para mí.
Hace algún tiempo decidí tomar una cámara y caminar en compañía de un gran amigo para capturar algunas imágenes cerca de mi casa. En el campo es muy común ver alambres de púas dividiendo los terrenos; sé, porque lo he vivido antes, que éstos pueden ocasionar dolorosas heridas. Le advertí a mi amigo que se alejara de ellos, que no los tocara porque podría hacerse daño pero él decidió acercarse para tomar algunas fotos, de repente resbaló y extendió instintivamente su mano hacia el alambre buscando apoyo para no caer y se hincó con una de las púas ocasionándose una profunda herida.
            Sucede muchas veces que vamos en una dirección, vemos que nos estamos acercando al peligro, nos advierten lo que va a suceder y aún así escogemos pasar por la experiencia ocasionándonos heridas que marcan nuestra vida para siempre. En ese momento los deseos frustrados de volver el tiempo atrás nos ponen de cara al suelo, el dolor que se pudo haber evitado se hace más fuerte y el remordimiento por lo que se pudo haber sido nos acompaña durante todo el camino de regreso.
            Es muy común ver escenarios como este en nuestra vida. El pensamiento social colectivo nos dice que nadie aprende de las experiencias ajenas pero la  realidad es que si prestáramos especial atención a lo que han vivido las personas que están a nuestro alrededor sin duda alguna evitaríamos muchísimas experiencias dolorosas. Es cierto que Dios permite ciertas cosas para formar nuestro corazón, pero al mismo tiempo quiere que aprendamos de lo que otros ya han vivido; pues cuando sumamos nuestras experiencias a las de los demás hacemos un todo que sin duda alguna nos apoyará de distintas maneras.
            Desde mi punto de vista, son nuestras decisiones las que nos forman. Para bien o para mal éstas muchas veces tienen un efecto irreversible en todo lo que hacemos. Escogemos nuestra pareja, trabajo, con quien relacionarnos, lo que vamos a hacer con nuestra vida profesional; en fin, Dios nos dio la capacidad de escoger casi todo lo que tenemos a la mano. Es necesario que nos hagamos sensibles a las señales que el camino nos presenta: una voz amiga, un consejo, un llamado, una corazonada, lo que alguien más vivió. Es pertinente que quitemos la venda de nuestros ojos para comenzar a tomar decisiones saludables. Pero de todo, lo más importante es que aprendamos a ver en los eventos dolor de los demás, una oportunidad perfecta para caminar en dirección contraria.
El amor se presentó y dijo: Las historias no tienen que repetirse, no existe razón para vivir en el dolor, no hace falta auto mutilarse para ganar. Las señales solo anuncian el camino que debes seguir, las voces hablan por experiencia y yo me presento siempre para guiarte por el mejor camino… escúchame. Regálate la oportunidad de vivir, aprende lo más que puedas y sobre todas las cosas cuida de ti… guarda tu corazón.

@victor_rafael9 | Lo que el día me regaló © 2014

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