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07 agosto 2014

Regalo 72 | Frustración: ¿Cómo manejarla?

Por: Víctor Rafael 

No era bienvenida la frustración en mi vida hasta el día que decidí sentarme a hablar con ella. 

Desde muy pequeños hemos sido programados para que todo salga tal y como lo planificamos. Esto sin lugar a dudas crea en nosotros una idea de seguridad y optimismo que con el pasar del tiempo, cuando nos encontramos cara a cara con la realidad de la vida y las situaciones que esta trae puede resultar en lo que conocemos como la frustración. Una cosa lleva a la otra porque jamás o muy pocas veces, las personas que nos vieron crecer se tomaron la molestia de decirnos que en algún momento de la vida las cosas podrían no salir como las planeamos. Y no hay nada de malo en pensar que las cosas podrían siempre salir bien, pero la realidad de todo es que siempre hay espacio para que pase todo lo contrario a lo que queremos. 

Igual que tú, he atravesado por muchísimos momentos de frustración. De hecho, decidí escribir esto después de haber pasado por una situación frustrante. No me gusta para nada sentirme frustrado y para serte honesto es una de las cosas más difíciles de manejar para mí. Consciente de que no existe ningún antídoto para evitar este sentimiento me vi en la obligación de inventarme una manera para salir a flote en medio de todo ese enredo existencial. Cuando la Señora Frustración decide visitarme me apoya muchísimo: 

Permitirme sentir

Lo peor que hice en algún momento de mi vida fue reprimir los sentimientos que venían acompañándola. Pude haber sentido tristeza, enojo, decepción pero no era honesto conmigo. Jugaba a engañarme haciéndome creer que nada me importaba. Con el pasar del tiempo aprendí que cuando le doy libertad los sentimientos la carga se hace mucho más liviana. Me permito sentir y poco a poco voy encontrando la paz que tanto busco en medio de la crisis. En cierta forma le abro la puerta a los sentimientos para que vayan fuera de mí. 

Escuchar su mensaje

Ciertamente la frustración no posee una voz audible pero sin lugar a dudas viene cargada de un mensaje transformador para mi vida. La frustración siempre muestra, sin palabras, el lugar donde NO quiero estar. 

Ver en qué fallé 

Aunque no tengo control de la mayoría de las cosas que pasan a mi alrededor es necesario pararme a mirar responsablemente lo que hice. Por ejemplo; si fracasé en un examen es posible que no haya estudiado lo suficiente. En esta ocasión como en muchas otras fallé y como era de esperarse llegó la frustración. No puedo pedir manzanas a un árbol de peras y de igual manera no puedo esperar resultados extraordinarios haciendo cosas ordinarias. No siempre tengo el control de la situación pero un esfuerzo genuino de mi parte puede ser la diferencia siempre entre lo que tengo y lo que quiero. 

Soltarla 

No es necesario golpearme o maltratarme prolongadamente. Dejo entrar la frustración y cuando me siento listo la suelto. Tengo tiempo únicamente para sentir, escuchar y luego ver en qué fallé. El resto del tiempo lo invierto buscando maneras para salir y razones para seguir adelante. 

A fin de cuentas la frustración no es tan mala como parece, en muchas ocasiones es el instrumento que Dios ha usado para poner un freno a mis planes y darle paso a los de Él. Dios no quiere que sea infeliz, que esté triste y mucho menos quiere dañarme pero hay veces que mi humanidad me impulsa a lugares donde no debo estar y ahí Él se vale de lo que sea para mostrarme el camino a seguir. Esta gran verdad me ha ayudado a ver en la frustración la mano de Dios guiándome, dirigiéndome, protegiéndome. Él nos dice diariamente; Porque como los cielos son más altos que la tierra, Así Mis caminos son más altos que sus caminos, Y Mis pensamientos más que sus pensamientos. (Isaías 55: 9) 


La próxima vez que la frustración llegue a visitarte déjala entrar. Estoy seguro de que cuando se vaya vas a ver la bendición de Dios sobre tu vida. ¡Ánimo! 

Punto de reflexión: La frustración es un instrumento en las manos de Dios. 

Pregunta para contestar: Consciente de que la frustración es un instrumento en las manos de Dios, ¿qué cosas me apoyarían para manejar situaciones de este tipo? 



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Frustración: ¿Cómo manejarla? by Víctor Rafael is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.


10 diciembre 2013

Foto 12: Mi fortaleza es un regalo

Por: Ronald Alexander ©

Por: Ronald Alexander 

       Caminaba.  Disfrutaba de la arena entre los pies, el sol brillando en mi rostro, el sonido de las persistentes olas y de todos los regalos que trae consigo la naturaleza Divina.  Me detuve frente a uno de los frutos de la tierra más comunes, un coco.  De repente no puede evitar pensar en su fortaleza, en todo lo que representa y puede representar.  En su interior, su fluidez y su hermosura. 
      La fortaleza es un don divino.  Es el estado necesario que debemos adoptar ante la adversidad, ante el dolor, ante una difícil prueba o ante alguna tentación. Es un regalo que nos llega luego de caminar sobre el sufrimiento, luego de una prueba.  Preparamos un gran escudo, grabamos la palabra sobre él y lo empleamos cuando es necesario y en ocasiones cuando no lo es.  Si lo utilizamos bajo una necesidad, nos protege de terminar heridos, decepcionados o engañados, nos protege de caer y de hacer caer a otros.  Cuando usamos la fortaleza en ocasiones que no es necesaria, nos arriesgamos a perder grandes oportunidades, relaciones y bendiciones. 
      Un ejemplo común proviene de las relaciones de pareja.  Luego de pasar una decepción amorosa, ¿quién no se hace fuerte?.  El problema reside en que muchas ocasiones no utilizamos esa fortaleza para evitar que nos vuelvan a engañar sino que la usamos para alejar una posible bendición.  Cerramos el paso al amor, viviendo en el pasado, acostumbrados a nuestra herida y protegiéndonos tras una fortaleza inadecuada.  Curiosamente por más fuerte que sea el coco, en su interior fluye.  Ser fuerte debe ser una cualidad de todos, pero debemos vivir en pre disposición a la bendición. 
      Nuestra vida debe ser un balance total.  Preparados para la caída sí, pero con un interior fluyendo para recibir y dar amor.  La fortaleza es un don de Dios que como tal debe ser empleado para engrandecernos y no para hacer de nosotros seres orgullosos e insensibles.  Te invito a reinventar tu espíritu.  Conviértelo en uno inquebrantable y al mismo tiempo en uno vulnerable.  Regálate la oportunidad de protegerte pero sin olvidarte de sentir.

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Foto 12: Mi fortaleza es un regalo. by Ronald Alexanderis licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.