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31 diciembre 2013

Foto 15: Solidaridad

Foto por: Ronald Alexander 
Por: Ronald Alexander

      Nuestros caminos son inciertos e inimaginables.  En un abrir y cerrar de ojos nos encontramos varados en lugares, situaciones o sentimientos que jamás imaginamos.   Visitaba  una comunidad de escasos recursos.  Caminos llenos de lodo, casas de madera deteriorada y mucha necesidad.  Atravesaba un enlodado sendero mientras mi mirada se concentraba en un pequeño cargando un sus brazos a otro de menor edad.  Sentí una extraña emoción, como si el corazón se me estremeciera, como si palpitara más lento ante lo que mis ojos estaban percibiendo.  
       ¿Cuántas veces yo camine desnudo por senderos enlodados? ¿Alguna vez mi casa fue de madera maltratada? ¿Alguna vez algo me falto?  NUNCA.  Luego de tales preguntas, me invadió el sentimiento de culpabilidad.  Me invadió el dolor de nuestra tierra, el dolor de nuestra gente, nuestros hermanos y hermanas, seres humanos.  El dolor que sienten ante la indiferencia,  ante el consumismo desmedido, ante el olvido del mundo en progreso, era el dolor de la pobreza.  
      ¿Cuántas veces has sido solidario? ¿Está entre las resoluciones que preparaste para este nuevo año? Entre la navidad, el amor y los regalos, ¿Has pensado en cuántos niños y niñas alrededor del mundo no tienen que llevarse a su boca? Dios ha hecho de este mundo un mecanismo. Un mecanismo en donde todos somos una pieza clave para cambiarlo, mantenerlo y enfrentarlo.  Si hay pobreza en el mundo es porque sociedades han decidido de una forma u otra y sin darse cuenta que no todos merecen tener lo necesario para vivir.  Si hay una pieza del mecanismo dañada, no funciona.  Así que tú y yo somos parte del problema pero también de la solución. 
      Te invito a incluir en tus resoluciones de año nuevo la solidaridad.  Trabajemos por un mecanismo perfecto, un mundo lleno de amor y en donde a nadie le falte nada.  No olvides que la cualidad más hermosa de un ser humano es identificarse con la necesidad en cualquier lugar.  Hazlo por ti, hazlo por los demás, hazlo por todos los niños que vienen detrás. 


17 diciembre 2013

Foto 13: Mi pasado es un automóvil.

Foto: Ronald Alexander 2013 ©
Por: Ronald Alexander 
           
           Toyota Corolla del año 1979.  La pintura ya desmerecida.  El motor a su paso sólo dejaba un ruido estruendoso.  Los asientos en cuero parcialmente rotos y un baúl cargado con historias del pasado que probablemente nunca conoceré.  ¿Cuántos ojos al verlo lo considerarían un trasto viejo?  ¿Cuántos probablemente desvalorizan sus capacidades por llevar tantos años?  De algo estoy seguro, quien lo conducía pensaba que aquel auto era una bendición.  Un automóvil del pasado era lo que le transportaba en su presente. 
            ¿Cuántas veces intentamos esconder nuestro pasado?  ¿Cuántas veces nos avergonzamos de cada herida?  Sin darnos cuenta, sin ningún rastro esos recuerdos nos mueven día a día.  Somos seres humanos sí, pero también seres históricos. Sobre eso estamos construidos.  Nuestros viejos dolores, sufrimientos, decisiones, alegrías y emociones se transforman en carros que nos mueven hoy.  Nos han hecho más fuertes, seguros y nos han permitido conocer el mundo que nos rodea.  Hay quienes desvalorizan el pasado, hay quienes avergonzados tratan de borrarlo y hay quienes lo abrazan orgullosos de cada desliz y de cada logro. 
            Encontré el valor del auto en sus funciones del presente y evité fijarme en su composición.  De la misma manera aprendí a valorar mi pasado por sus enseñanzas  y no por lo que viví.  Como cuando de niño jugando con fósforos sufrí una leve quemadura.  No recuerdo el dolor que sentí en ese momento, pero si aprendí que el fuego puede hacerme daño al igual que muchas otras cosas.  El recuerdo se convirtió en un auto, en un instinto que en mi vida presente me mueve a cuidarme de lo que puede dañarme física o emocionalmente. 
            Tienes una hermosa oportunidad, usa el pasado para moverte.  No desprecies los regalos que trae por más doloroso que sea o vergonzoso lo consideres.   Permite que tu historia trace el camino hacia un futuro grandioso.  Haz las pases con el recuerdo, no le resistas o golpeará aún más fuerte.  Después de todo, no podemos borrarlo pero podemos construir usándolo como cimiento y te aseguro será el más fuerte de todos.  El pasado es el automóvil de tu presente. 


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Foto 13: Mi pasado es un automóvil. by Ronald Alexander is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.



10 diciembre 2013

Foto 12: Mi fortaleza es un regalo

Por: Ronald Alexander ©

Por: Ronald Alexander 

       Caminaba.  Disfrutaba de la arena entre los pies, el sol brillando en mi rostro, el sonido de las persistentes olas y de todos los regalos que trae consigo la naturaleza Divina.  Me detuve frente a uno de los frutos de la tierra más comunes, un coco.  De repente no puede evitar pensar en su fortaleza, en todo lo que representa y puede representar.  En su interior, su fluidez y su hermosura. 
      La fortaleza es un don divino.  Es el estado necesario que debemos adoptar ante la adversidad, ante el dolor, ante una difícil prueba o ante alguna tentación. Es un regalo que nos llega luego de caminar sobre el sufrimiento, luego de una prueba.  Preparamos un gran escudo, grabamos la palabra sobre él y lo empleamos cuando es necesario y en ocasiones cuando no lo es.  Si lo utilizamos bajo una necesidad, nos protege de terminar heridos, decepcionados o engañados, nos protege de caer y de hacer caer a otros.  Cuando usamos la fortaleza en ocasiones que no es necesaria, nos arriesgamos a perder grandes oportunidades, relaciones y bendiciones. 
      Un ejemplo común proviene de las relaciones de pareja.  Luego de pasar una decepción amorosa, ¿quién no se hace fuerte?.  El problema reside en que muchas ocasiones no utilizamos esa fortaleza para evitar que nos vuelvan a engañar sino que la usamos para alejar una posible bendición.  Cerramos el paso al amor, viviendo en el pasado, acostumbrados a nuestra herida y protegiéndonos tras una fortaleza inadecuada.  Curiosamente por más fuerte que sea el coco, en su interior fluye.  Ser fuerte debe ser una cualidad de todos, pero debemos vivir en pre disposición a la bendición. 
      Nuestra vida debe ser un balance total.  Preparados para la caída sí, pero con un interior fluyendo para recibir y dar amor.  La fortaleza es un don de Dios que como tal debe ser empleado para engrandecernos y no para hacer de nosotros seres orgullosos e insensibles.  Te invito a reinventar tu espíritu.  Conviértelo en uno inquebrantable y al mismo tiempo en uno vulnerable.  Regálate la oportunidad de protegerte pero sin olvidarte de sentir.

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Foto 12: Mi fortaleza es un regalo. by Ronald Alexanderis licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

03 diciembre 2013

Foto 11: Cambio de estación

Foto por: Ronald Alexander

Por: Ronald Alexander


      Sin esperarlo, sin ningún precedente, simplemente pasa.  Todo en la vida cambia.  Hace unos días tuve el regalo de viajar en un tren.  Los túneles, las vías, las personas esperando, sin lugar a dudas algo maravilloso.  Me detuve a observar como todos aguardaban cada vagón, como cambiaban de estación en estación esperando llegar a su destino.  Para mí, fue una sorpresa darme cuenta que llevo toda mi existencia siendo simplemente un pasajero que cambia de estación.  La vida es un tren que a cada mínima fracción de segundo se detiene en un nuevo lugar, en una nueva persona o en una nueva situación.  El cambio es inminente.
      Como alguien dijo alguna vez, “no hay nada más seguro que el cambio”.  Probablemente para nosotros asimilar esto es complicado.  A fin de cuentas, ¿quién desea que la vida cambie de repente, sin preguntar, sin avisar?  Es inevitable y por ello es necesario manejarlo y aceptarlo.  Convertir cada cambio en una posibilidad, mirarlos desde un crisol positivo.  ¿Complicado? ¡Por supuesto que sí!  Nadie vive preparado para la pérdida repentina de un ser querido, nadie se detiene a pensar si en algún momento de su vida tendrá necesidades económicas, es casi imposible deducir que nos tocará trabajar en algún lugar donde no deseamos o que tendremos que mudarnos repentinamente de nuestro país.  Pero de algo estoy seguro, cada uno representa una nueva posibilidad. 
      Hace algún tiempo el tren de la vida me dejó en una estación desconcertante.  Un familiar enfermó.  Significó dedicar tiempo a cuidarle y restar tiempo a las actividades que diariamente solía realizar.  Un cambio significativo para un joven de dieciocho años en aquel momento.  Logré entonces encontrar la posibilidad detrás de todo.  Este cambio creó en mí un corazón compasivo y humilde.  Un corazón capaz de identificarse con la necesidad en cualquier parte del mundo.  Un corazón amoroso, servicial y desinteresado.
      Los cambios, más que irremediables, son necesarios.  La vida debe cambiar para que cada uno de nosotros lo haga junto a ella.  Cuando el tren te sorprenda y se detenga en una estación que te incomode, paciencia.  Permite que el cambio te invada, baja del vagón y observa la estación.  Mira el panorama y date cuenta que detrás de la incomodidad hay algo positivo.  No le temas, ¡enfréntalo!  No olvides que depende de ti ver el regalo que trae a tu vida.  El cambio de estación después de todo valdrá la pena.  

26 noviembre 2013

Foto 10: Camina sobre el dolor

Foto por: Ronald Alexander


Por: Ronald Alexander


       ¿El resultado final puede hacer que el dolor valga la pena? Decidí volver al gimnasio después de algunos meses. Como de costumbre los primeros días son críticos.  Al día siguiente de comenzar mi cuerpo estaba adolorido y cansado. Más aún cuando eres alguien que no está acostumbrado a cierta actividad física recurrente.  Pero no importó la incomodidad que experimenté al comienzo, continué.  Entendí que para llegar al resultado que quería debía caminar sobre el dolor. 
        Todos alguna vez hemos sentido dolor.  Hemos pensado que la vida se nos va.  Nos han roto el corazón, se han ido, nos han insultado, faltado nuestra confianza.  Hemos regalado innumerables lágrimas, noches de sueño y hasta nuestras metas.  ¿Quién no ha sido vencido por el desánimo alguna vez? Somos humanos, sentimos demasiado.  Pasar por las consecuencias del ejercicio es necesario para alcanzar la condición física que deseamos.  Así sucede en  la vida, muchas veces ha sido necesario pasar por el dolor para alcanzar un estado de felicidad, para valorar lo que tenemos e incluso amar. 
       Hace unos años atrás viví una experiencia que me hizo caminar sobre el dolor.  Una gran pérdida que hizo de mi interior un agujero.  En medio del sufrimiento la vida me hacía un regalo, entender su propio valor.  Es irónico que una pérdida nos aliente a ser agradecidos, pero así fue.  Desde ese momento vivo amando sin medida a todos los que están cerca de mí y doy gracias por el regalo que es abrir los ojos todas las mañanas.  El dolor me movió de lugar, me transformó para bien.
       Así que el dolor es capaz de transformar.  Se trata de ver que posibilidades hay dentro de tu sufrimiento.  Ármate de paciencia, de fortaleza y de amor.  Lo que sientes es pasajero, más lo que ganarás cuando termine el proceso será invaluable.  Abraza el dolor, siéntelo y deja que poco a poco se vaya.  No le temas a tu humanidad.  No reprimas lo que guarda tu corazón.  Llora, corre. Por cuantas veces lo hagas contarás luego una sonrisa. Cuídate de acostumbrarte y vivir sumergido en él, ser una victima no nos lleva a ningún lado.  Hoy es un gran día para contar las veces que el dolor te ha hecho regalos, hoy es un gran día para ver el regalo que hay dentro de tu dolor.  Camina sobre él.   


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Foto 10: Camina sobre el dolor. by Ronald Alexander is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

19 noviembre 2013

Foto 9: La Vida en un Carrusel


Foto por: Ronald Alexander

Por: Ronald Alexander

Llegué por casualidad o mejor dicho, por una bendición.  Era una de estás pequeñas actividades de pueblo.  Una feria de arte.  Me detuve frente al carrusel por unos segundos, sus luces llenaron mis ojos, las sonrisas de los niños y los caballos que giraban una y otra vez.  Sin desaprovechar la oportunidad me subí a él.  Por varios minutos me encontré sentado, girando hacía ninguna dirección específica.  No pude evitar preguntarme, ¿cuántas cosas en mi vida se habían convertido en vueltas sobre el mismo lugar?
Muchas de nuestras frustraciones más grandes provienen de ahí, hacer una y otra vez lo mismo.  Convertimos en rutina innumerables cosas.  Relaciones, malos hábitos, nuestra espiritualidad, el trabajo, los estudios.  Caminamos en un estado “automático”, respiramos porque existe el oxígeno, pero sin darnos cuenta de que lo hacemos.  Probablemente vives atrapado en la rutina de un trabajo que no te satisface.  Te levantas en la mañana, tomas tu café y todos los días regalas ocho horas de tu vida haciendo lo mismo, algo que te hace infeliz.  Quizás llevas varios años sentado en salones escuchando profesores enseñarte lo que la sociedad considera como una buena profesión.  Compartes una relación en donde solo se conforman con estar juntos, pero ya no hay chispa, ya no llega un “te amo repentino” o un detalle a tu puerta.  ¿Cada domingo vas a la iglesia porque tus padres así te lo enseñaron? ¿o lo haces porque vives una experiencia de amor profundo junto a Dios? De seguro hay muchas cosas que haz querido cambiar en la vida, enfrascado en la rutina has seguido dando vueltas prolongadas en un carrusel. 
¿Cuál ha sido mi vuelta más prolongada?  Mi espiritualidad.  La cultivé a diario haciendo lo mismo.  Al pasar el tiempo perdió el sentido.  El carrusel se movía muy rápido ya y parar cada vuelta era casi imposible.  Para ser honesto me encontré en un abismo muy profundo, “vivía una noche oscura del alma”.  Así describió Madre Teresa su vida en un momento donde tenía la certeza de que Dios estaba presente, pero ella no lograba sentirlo.  Escuchar una frase muy sabia me hizo detener el carrusel.  “Si quieres resultados diferentes, haz cosas diferentes”.   Es lógica básica, pero difícil de practicar.  Sin embargo fue posible. 
¿Cuáles son tus vueltas más prolongadas?  ¿Qué rutinas debes cambiar para obtener resultados distintos?  Piensa que si estás donde no quieres estar es porque decidiste subir a un carrusel.  Por más cómodo que sea, por más divertido que lo encuentres, debes avanzar.  No hay felicidad donde no hay autorrealización.  Eres un ser creado con la capacidad de alcanzar todo lo que te propongas, deja de dar vueltas.  Escoge hoy el éxito, escoge vivir tus sueños.  Toma fuerza de ellos y promete caminar siempre hacia el frente, esa es la única opción.   

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Foto 9: La vida en un carrusel. by Ronald Alexander is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.