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05 junio 2014

Regalo 68: Dos valientes y el camino hacia la meta.

Por: Víctor Rafael 


Luego de muchos años de entrenamiento dos jóvenes fueron enviados a cumplir con una misión. Su maestro, un anciano muy sabio, les dijo:

-Vayan, pongan en práctica todo lo que les he enseñado. El primero de los dos que vuelva obtendrá la recompensa mayor.

Paso un día, una noche y a la mañana siguiente los jóvenes se dirigieron hacia el punto de salida. La gente, admirada por la gesta que estaban a punto de comenzar, les aplaudía y enviaba mensajes de ánimo. Los jóvenes sabían qué era lo que tenían que hacer pero no lo que se iban a encontrar en el camino. Llegaron al punto de salida y sobre una tarima el más fuerte de los dos jóvenes abrazó al otro. Las personas estaban conmovidas por el gesto, sin embargo, al oído le dijo en un tono sarcástico:

-Soy más fuerte que tú, no tiene sentido que salgas a competir contra mí. Llegaré primero y al final no tendrás nada. Todo habrá sido en vano.

-Reconozco que desde pequeño siempre fuiste el más fuerte de los dos, aunque sé que las probabilidades de ganar están a tu favor, saldré a competir. Tu fortaleza física es mayor pero tengo lo más importante… el deseo          de llegar a la meta.  – Le dijo el más débil mirándolo a los ojos.

El maestro les dio su bendición y al mismo tiempo la señal para salir.

Pasaron días y los jóvenes no llegaban. En las calles de aquel pequeño pueblo solo se hablaba de la posible muerte de ellos. Las personas acudieron preocupadas a la casa del maestro y comenzaron a pedir por su bienestar. Elevaban canciones, encendieron velas y oraban sin cesar por su pronto regreso. A la mañana siguiente, con la salida del sol, un niño alcanzó a ver en el horizonte la figura de uno de los dos.

-¡Ha llegado el más fuerte!- Exclamó el niño.

Algunos hombres salieron para ayudar al joven. Le llevaron comida y ropa caliente. El pueblo entero le aplaudía con admiración, hicieron fiestas y bailaban celebrando el triunfo del favorito de todos.

Pasó un día entero, y ya cayendo la noche el más débil de los dos llegó. El pueblo, en silencio, permanecía asombrado por lo que veía. El joven había perdido una pierna en el camino de regreso a casa. Una anciana tomó una antorcha en su brazo izquierdo, lo ayudó a pararse y lo acompañó  hasta la casa del maestro.

El maestro abrazó a sus dos discípulos, curó al joven mortalmente herido y con lágrimas en los ojos dijo:
-A ti mi amado. Tú que desde pequeño has sido el más fuerte, el pueblo te recibió con gritos, bailes y canciones. Esa es tu recompensa, es el premio del que te hablé. Serás recordado como el joven que volvió en primer lugar. En cambio tú, el más pequeño de mis discípulos; serás recordado como el joven que vio más allá de las dificultades y eso quedará grabado en el corazón de la gente. Las celebraciones pasarán y al año siguiente el pueblo tendrá un nuevo héroe a quien aplaudirle, pero lo que has hecho en la vida del pueblo se contará generación tras generación hasta el final de nuestros días. No solo llegaste a la meta, construiste un puente hacia lo que antes se pensaba imposible. Las personas fuertes serán recordadas por su poder, pero las personas con determinación, aquellas que supieron superar sus circunstancias, vivirán eternamente en el corazón de la gente; no porque decían que era posible sino porque con hechos demostraron que en cada persona vive la oportunidad de alcanzar todo lo que su alma reclama.

Desde aquel día esta fue la historia más contada. El pueblo habló del valiente joven generación tras generación hasta que sus días en la Tierra terminaron.


Moraleja: No siempre gana quien más fuerza tiene, pero en toda ocasión quien es guiado por la determinación en el camino hacia sus sueños, triunfa.



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Regalo 68: Dos valientes y el camino hacia la meta. byVíctor Rafael is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

31 diciembre 2013

Foto 15: Solidaridad

Foto por: Ronald Alexander 
Por: Ronald Alexander

      Nuestros caminos son inciertos e inimaginables.  En un abrir y cerrar de ojos nos encontramos varados en lugares, situaciones o sentimientos que jamás imaginamos.   Visitaba  una comunidad de escasos recursos.  Caminos llenos de lodo, casas de madera deteriorada y mucha necesidad.  Atravesaba un enlodado sendero mientras mi mirada se concentraba en un pequeño cargando un sus brazos a otro de menor edad.  Sentí una extraña emoción, como si el corazón se me estremeciera, como si palpitara más lento ante lo que mis ojos estaban percibiendo.  
       ¿Cuántas veces yo camine desnudo por senderos enlodados? ¿Alguna vez mi casa fue de madera maltratada? ¿Alguna vez algo me falto?  NUNCA.  Luego de tales preguntas, me invadió el sentimiento de culpabilidad.  Me invadió el dolor de nuestra tierra, el dolor de nuestra gente, nuestros hermanos y hermanas, seres humanos.  El dolor que sienten ante la indiferencia,  ante el consumismo desmedido, ante el olvido del mundo en progreso, era el dolor de la pobreza.  
      ¿Cuántas veces has sido solidario? ¿Está entre las resoluciones que preparaste para este nuevo año? Entre la navidad, el amor y los regalos, ¿Has pensado en cuántos niños y niñas alrededor del mundo no tienen que llevarse a su boca? Dios ha hecho de este mundo un mecanismo. Un mecanismo en donde todos somos una pieza clave para cambiarlo, mantenerlo y enfrentarlo.  Si hay pobreza en el mundo es porque sociedades han decidido de una forma u otra y sin darse cuenta que no todos merecen tener lo necesario para vivir.  Si hay una pieza del mecanismo dañada, no funciona.  Así que tú y yo somos parte del problema pero también de la solución. 
      Te invito a incluir en tus resoluciones de año nuevo la solidaridad.  Trabajemos por un mecanismo perfecto, un mundo lleno de amor y en donde a nadie le falte nada.  No olvides que la cualidad más hermosa de un ser humano es identificarse con la necesidad en cualquier lugar.  Hazlo por ti, hazlo por los demás, hazlo por todos los niños que vienen detrás. 


24 diciembre 2013

Foto 14: La raíz del problema

Foto por: Ronald Alexander

Por:  Ronald Alexander 

Admirar las hojas bailar al compás del viento,  abrigarse bajo su sombra, rasgar la madera y disfrutar de su húmedo olor, inmenso regalo.  Sin embargo, la inmensidad de un árbol es mayor de la que nuestros ojos pueden percibir.  Su vigorosidad e imponencia corresponden a un sin número de raíces arraigadas fuertemente a la tierra.  Están ahí, firmes y muchas veces desapercibidas.  Alimentan el árbol, le dan soporte y fuerza.  Todo lo que el árbol es, proviene de sus raíces.  Si ha de pasar algún problema en el árbol, se debe mirar primero la raíz. 
Cada situación que guardamos en el corazón contiene raíces.  Algunas desapercibidas, otras notables y otras que podemos ver, pero que decidimos no prestarle atención aún sabiendo que deberíamos.  La raíces son un sistema, son un tumulto de vivencias que provienen de situaciones del pasado que debemos manejar.  Son sucesos que en vez de utilizarlos para movernos a lo próximo los anteponemos a nuestro estilo de vida.  Son aquellas heridas que sustentan nuestros problemas, le dan fuerza y vigorosidad tal y como sucede con el árbol.  Imagínate por un momento dirigiéndote hacía tus seres queridos en alguna discusión pero antes de hablarles, colocas frente a ti una pared y estás obligado a observarla.  La pared está llena de malos recuerdos y dirige tus emociones de manera negativa en medio de la discusión.  Una pared creada por las raíces, por el dolor que no haz logrado sanar. 
La mayoría del tiempo buscamos solucionar nuestros problemas  de manera apresurada, superficialmente.  Ignoramos mirar más haya, siempre y cuando nos apartemos del dolor actuamos rápidamente.  Sin saberlo probablemente nos estamos condenando a enfrentar mayor sufrimiento en el futuro.  Si cada problema que enfrentamos en la vida contiene raíces que le alimentan es necesario antes de acabar con él, conocerlas.

Hoy date el permiso de mirar en tu interior.  Cierra los ojos, piensa en tus problemas presentes y luego da un viaje al corazón.  La raíz de cada problema, el dolor que no te permite caminar hacia lo próximo debe ser atendido.  No pongas vendas momentáneas, no busques la superficialidad por miedo a sufrir, ve a la raíz.  Pretender que todo está bien conociendo el verdadero proceder de tu dolor es engañarte a ti mismo.  De la única manera que podrás sanar es conduciéndote a la fuente.  Aparta la raíz que no te permite crecer de manera saludable.  Convierte en un árbol imponente y afianza tu camino hacia la sanación.

17 diciembre 2013

Foto 13: Mi pasado es un automóvil.

Foto: Ronald Alexander 2013 ©
Por: Ronald Alexander 
           
           Toyota Corolla del año 1979.  La pintura ya desmerecida.  El motor a su paso sólo dejaba un ruido estruendoso.  Los asientos en cuero parcialmente rotos y un baúl cargado con historias del pasado que probablemente nunca conoceré.  ¿Cuántos ojos al verlo lo considerarían un trasto viejo?  ¿Cuántos probablemente desvalorizan sus capacidades por llevar tantos años?  De algo estoy seguro, quien lo conducía pensaba que aquel auto era una bendición.  Un automóvil del pasado era lo que le transportaba en su presente. 
            ¿Cuántas veces intentamos esconder nuestro pasado?  ¿Cuántas veces nos avergonzamos de cada herida?  Sin darnos cuenta, sin ningún rastro esos recuerdos nos mueven día a día.  Somos seres humanos sí, pero también seres históricos. Sobre eso estamos construidos.  Nuestros viejos dolores, sufrimientos, decisiones, alegrías y emociones se transforman en carros que nos mueven hoy.  Nos han hecho más fuertes, seguros y nos han permitido conocer el mundo que nos rodea.  Hay quienes desvalorizan el pasado, hay quienes avergonzados tratan de borrarlo y hay quienes lo abrazan orgullosos de cada desliz y de cada logro. 
            Encontré el valor del auto en sus funciones del presente y evité fijarme en su composición.  De la misma manera aprendí a valorar mi pasado por sus enseñanzas  y no por lo que viví.  Como cuando de niño jugando con fósforos sufrí una leve quemadura.  No recuerdo el dolor que sentí en ese momento, pero si aprendí que el fuego puede hacerme daño al igual que muchas otras cosas.  El recuerdo se convirtió en un auto, en un instinto que en mi vida presente me mueve a cuidarme de lo que puede dañarme física o emocionalmente. 
            Tienes una hermosa oportunidad, usa el pasado para moverte.  No desprecies los regalos que trae por más doloroso que sea o vergonzoso lo consideres.   Permite que tu historia trace el camino hacia un futuro grandioso.  Haz las pases con el recuerdo, no le resistas o golpeará aún más fuerte.  Después de todo, no podemos borrarlo pero podemos construir usándolo como cimiento y te aseguro será el más fuerte de todos.  El pasado es el automóvil de tu presente. 


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Foto 13: Mi pasado es un automóvil. by Ronald Alexander is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.