Por: Víctor Rafael
Luego de muchos
años de entrenamiento dos jóvenes fueron enviados a cumplir con una misión. Su
maestro, un anciano muy sabio, les dijo:
-Vayan, pongan
en práctica todo lo que les he enseñado. El primero de los dos que vuelva
obtendrá la recompensa mayor.
Paso un día, una
noche y a la mañana siguiente los jóvenes se dirigieron hacia el punto de salida.
La gente, admirada por la gesta que estaban a punto de comenzar, les aplaudía y
enviaba mensajes de ánimo. Los jóvenes sabían qué era lo que tenían que hacer
pero no lo que se iban a encontrar en el camino. Llegaron al punto de salida y
sobre una tarima el más fuerte de los dos jóvenes abrazó al otro. Las personas
estaban conmovidas por el gesto, sin embargo, al oído le dijo en un tono
sarcástico:
-Soy más fuerte
que tú, no tiene sentido que salgas a competir contra mí. Llegaré primero y al
final no tendrás nada. Todo habrá sido en vano.
-Reconozco que
desde pequeño siempre fuiste el más fuerte de los dos, aunque sé que las
probabilidades de ganar están a tu favor, saldré a competir. Tu fortaleza
física es mayor pero tengo lo más importante… el deseo de llegar a la meta. –
Le dijo el más débil mirándolo a los ojos.
El maestro les
dio su bendición y al mismo tiempo la señal para salir.
Pasaron días y
los jóvenes no llegaban. En las calles de aquel pequeño pueblo solo se hablaba
de la posible muerte de ellos. Las personas acudieron preocupadas a la casa del
maestro y comenzaron a pedir por su bienestar. Elevaban canciones, encendieron velas
y oraban sin cesar por su pronto regreso. A la mañana siguiente, con la salida
del sol, un niño alcanzó a ver en el horizonte la figura de uno de los dos.
-¡Ha llegado el
más fuerte!- Exclamó el niño.
Algunos hombres
salieron para ayudar al joven. Le llevaron comida y ropa caliente. El pueblo
entero le aplaudía con admiración, hicieron fiestas y bailaban celebrando el
triunfo del favorito de todos.
Pasó un día
entero, y ya cayendo la noche el más débil de los dos llegó. El pueblo, en
silencio, permanecía asombrado por lo que veía. El joven había perdido una
pierna en el camino de regreso a casa. Una anciana tomó una antorcha en su
brazo izquierdo, lo ayudó a pararse y lo acompañó hasta la casa del maestro.
El maestro
abrazó a sus dos discípulos, curó al joven mortalmente herido y con lágrimas en
los ojos dijo:
-A ti mi amado.
Tú que desde pequeño has sido el más fuerte, el pueblo te recibió con gritos,
bailes y canciones. Esa es tu recompensa, es el premio del que te hablé. Serás
recordado como el joven que volvió en primer lugar. En cambio tú, el más
pequeño de mis discípulos; serás recordado como el joven que vio más allá de
las dificultades y eso quedará grabado en el corazón de la gente. Las
celebraciones pasarán y al año siguiente el pueblo tendrá un nuevo héroe a
quien aplaudirle, pero lo que has hecho en la vida del pueblo se contará
generación tras generación hasta el final de nuestros días. No solo llegaste a
la meta, construiste un puente hacia lo que antes se pensaba imposible. Las
personas fuertes serán recordadas por su poder, pero las personas con
determinación, aquellas que supieron superar sus circunstancias, vivirán
eternamente en el corazón de la gente; no porque decían que era posible sino
porque con hechos demostraron que en cada persona vive la oportunidad de alcanzar
todo lo que su alma reclama.
Desde aquel día esta
fue la historia más contada. El pueblo habló del valiente joven generación tras
generación hasta que sus días en la Tierra terminaron.
Moraleja: No siempre gana quien más fuerza tiene, pero en toda
ocasión quien es guiado por la determinación en el camino hacia sus sueños,
triunfa.
Lo que el día me regaló © 2014
Regalo 68: Dos valientes y el camino hacia la meta. byVíctor Rafael is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

