24 julio 2013

Regalo 23: Un cuento rojo.


Por: Víctor Rafael

            Verano, temporada seca. El agua en los ríos no bailaba entre grandes piedras. No había grama verde que pintara el suelo color vida. El opaco color cobrizo en las hojas de los árboles anunciaba su inevitable muerte. El viento seco y caliente, traía una bruma espesa que impedía que aquel niño pudiera ver con claridad. Frustrado, porque no veía nada “bueno”,  se sentó sobre una piedra a descansar sus agotadas piernas. Al cabo de unos  cuantos minutos se puso de pies, recogió sus pertenencias y cabizbajo reanudo la caminata. Había dado aproximadamente diez pasos, cuando una mariposa, rozó la mejilla de aquel niño obligándolo a  levantar la mirada. Sonrió, jugó con la mariposa, miró a su alrededor y en el horizonte vio un Flamboyán.
   El niño corrió hacia el árbol y se acostó a disfrutar de la brisa fresca que soplaba bajo aquel gran Flamboyán. Los años de experiencia y sabiduría se podían notar en su fuerte tronco, grandes ramas, en sus extensas y largas raíces. Sus innumerables flores color rojo hacían que resaltara naturalmente entre todo lo que tenía a su alrededor.  Era impresionante, digno de admiración.  Pero el niño se quedó dormido y soñó que aquel gran Flamboyán podía hablar. El árbol le dio la oportunidad al niño de hacerle una sola pregunta y le hizo saber que después de contestarla ya no hablaría más. Lleno de curiosidad preguntó, “¿Por qué floreces en la temporada seca?”. El árbol le contestó sabiamente “Mira a tu alrededor, ¿ves que estamos en temporada seca? Guardo lo mejor de mí para momentos como éste. Es necesario que en el verano, en la temporada seca, en medio de lo hostil de este momento, dedique el cien porciento de mí a embellecer el espacio que ocupo. Pongo a disposición del mundo mi don, todo lo que soy, para que el mundo sea un lugar feliz, lindo y lleno de amor. Cuando despiertes de tu sueño, mira a tu alrededor. Observa atentamente como el Mundo se ha ido deteriorando por falta de valores. Fíjate en que todos quieren que la situación actual mejore, mas son pocos los que actúan para hacer que las cosas pasen. Mi querido amiguito, tienes una misión, pocos han tenido la oportunidad de hablar conmigo y tú hoy lo has hecho. Hacen falta Flamboyanes en el Mundo donde vivimos, gente comprometida, atrevida y dispuesta a ir contra la corriente. Hace falta que en la temporada de verano que vivimos Flamboyanes florezcan para embellecer cada rincón del Mundo. Cuando despiertes verás que siempre los Flamboyanes han estado presente, solo que por el momento lo malo lleva ventaja en el camino.  No busques encontrarlos, ellos aparecerán en el momento perfecto, mientras tanto dedícate a florecer, a amarte, a regalarte vida,  a buscar tus virtudes y lo que puedes aportar al mundo. Confía en ti, actúa sobre lo que quieres ver, sueña en grande, regálale todo de ti a las personas que tienes alrededor y contágialos con tu positiva energía. Hoy es tiempo de cambiar. ”  
El niño despertó del sueño y recordó una lectura del libro de Mateo que su papá le leía cada noche antes de dormir. La misma le hacía una invitación a influir en la sociedad de manera saludable. Noche tras noche recordaba que vino aquí a la Tierra a impactar el espacio que ocupa en momentos como el que estamos atravesando. Es la Sal y Luz del Mundo, es un enorme Flamboyán. “Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor? Ya no sirve para nada, sino para que la gente la deseche y la pisotee. Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa. Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo.”(Mateo 5: 13- 16) 
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