Foto por: Ronald Alexander
Por: Ronald Alexander
Llegué por casualidad o mejor dicho, por una
bendición. Era una de estás pequeñas
actividades de pueblo. Una feria de
arte. Me detuve frente al carrusel por
unos segundos, sus luces llenaron mis ojos, las sonrisas de los niños y los
caballos que giraban una y otra vez. Sin
desaprovechar la oportunidad me subí a él.
Por varios minutos me encontré sentado, girando hacía ninguna dirección
específica. No pude evitar preguntarme,
¿cuántas cosas en mi vida se habían convertido en vueltas sobre el mismo lugar?
Muchas de nuestras frustraciones más grandes
provienen de ahí, hacer una y otra vez lo mismo. Convertimos en rutina innumerables
cosas. Relaciones, malos hábitos,
nuestra espiritualidad, el trabajo, los estudios. Caminamos en un estado “automático”, respiramos
porque existe el oxígeno, pero sin darnos cuenta de que lo hacemos. Probablemente vives atrapado en la rutina de
un trabajo que no te satisface. Te
levantas en la mañana, tomas tu café y todos los días regalas ocho horas de tu
vida haciendo lo mismo, algo que te hace infeliz. Quizás llevas varios años sentado en salones
escuchando profesores enseñarte lo que la sociedad considera como una buena
profesión. Compartes una relación en
donde solo se conforman con estar juntos, pero ya no hay chispa, ya no llega un
“te amo repentino” o un detalle a tu puerta. ¿Cada domingo vas a la iglesia porque tus
padres así te lo enseñaron? ¿o lo haces porque vives una experiencia de amor
profundo junto a Dios? De seguro hay muchas cosas que haz querido cambiar en la
vida, enfrascado en la rutina has seguido dando vueltas prolongadas en un
carrusel.
¿Cuál ha sido mi vuelta más prolongada? Mi espiritualidad. La cultivé a diario haciendo lo mismo. Al pasar el tiempo perdió el sentido. El carrusel se movía muy rápido ya y parar
cada vuelta era casi imposible. Para ser
honesto me encontré en un abismo muy profundo, “vivía una noche oscura del
alma”. Así describió Madre Teresa su
vida en un momento donde tenía la certeza de que Dios estaba presente, pero
ella no lograba sentirlo. Escuchar una
frase muy sabia me hizo detener el carrusel.
“Si quieres resultados diferentes, haz cosas diferentes”. Es lógica básica, pero difícil de
practicar. Sin embargo fue posible.
¿Cuáles son tus vueltas más prolongadas? ¿Qué rutinas debes cambiar para obtener
resultados distintos? Piensa que si
estás donde no quieres estar es porque decidiste subir a un carrusel. Por más cómodo que sea, por más divertido que
lo encuentres, debes avanzar. No hay
felicidad donde no hay autorrealización.
Eres un ser creado con la capacidad de alcanzar todo lo que te
propongas, deja de dar vueltas. Escoge
hoy el éxito, escoge vivir tus sueños.
Toma fuerza de ellos y promete caminar siempre hacia el frente, esa es
la única opción.
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Foto 9: La vida en un carrusel. by Ronald Alexander is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
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