Foto por: Ronald Alexander
Por: Ronald Alexander
Nuestros caminos son inciertos e inimaginables. En un abrir y cerrar de ojos nos encontramos
varados en lugares, situaciones o sentimientos que jamás imaginamos. Visitaba
una comunidad de escasos recursos.
Caminos llenos de lodo, casas de madera deteriorada y mucha necesidad. Atravesaba un enlodado sendero mientras mi
mirada se concentraba en un pequeño cargando un sus brazos a otro de menor
edad. Sentí una extraña emoción, como si
el corazón se me estremeciera, como si palpitara más lento ante lo que mis ojos
estaban percibiendo.
¿Cuántas veces yo camine desnudo por senderos enlodados?
¿Alguna vez mi casa fue de madera maltratada? ¿Alguna vez algo me falto? NUNCA.
Luego de tales preguntas, me invadió el sentimiento de
culpabilidad. Me invadió el dolor de
nuestra tierra, el dolor de nuestra gente, nuestros hermanos y hermanas, seres
humanos. El dolor que sienten ante la
indiferencia, ante el consumismo
desmedido, ante el olvido del mundo en progreso, era el dolor de la
pobreza.
¿Cuántas veces has sido solidario? ¿Está entre las
resoluciones que preparaste para este nuevo año? Entre la navidad, el amor y
los regalos, ¿Has pensado en cuántos niños y niñas alrededor del mundo no
tienen que llevarse a su boca? Dios ha hecho de este mundo un mecanismo. Un
mecanismo en donde todos somos una pieza clave para cambiarlo, mantenerlo y
enfrentarlo. Si hay pobreza en el mundo
es porque sociedades han decidido de una forma u otra y sin darse cuenta que no
todos merecen tener lo necesario para vivir.
Si hay una pieza del mecanismo dañada, no funciona. Así que tú y yo somos parte del problema pero
también de la solución.
Te invito a incluir en tus resoluciones de año nuevo la
solidaridad. Trabajemos por un mecanismo
perfecto, un mundo lleno de amor y en donde a nadie le falte nada. No olvides que la cualidad más hermosa de un
ser humano es identificarse con la necesidad en cualquier lugar. Hazlo por ti, hazlo por los demás, hazlo por
todos los niños que vienen detrás.
