24 diciembre 2013

Foto 14: La raíz del problema

Foto por: Ronald Alexander

Por:  Ronald Alexander 

Admirar las hojas bailar al compás del viento,  abrigarse bajo su sombra, rasgar la madera y disfrutar de su húmedo olor, inmenso regalo.  Sin embargo, la inmensidad de un árbol es mayor de la que nuestros ojos pueden percibir.  Su vigorosidad e imponencia corresponden a un sin número de raíces arraigadas fuertemente a la tierra.  Están ahí, firmes y muchas veces desapercibidas.  Alimentan el árbol, le dan soporte y fuerza.  Todo lo que el árbol es, proviene de sus raíces.  Si ha de pasar algún problema en el árbol, se debe mirar primero la raíz. 
Cada situación que guardamos en el corazón contiene raíces.  Algunas desapercibidas, otras notables y otras que podemos ver, pero que decidimos no prestarle atención aún sabiendo que deberíamos.  La raíces son un sistema, son un tumulto de vivencias que provienen de situaciones del pasado que debemos manejar.  Son sucesos que en vez de utilizarlos para movernos a lo próximo los anteponemos a nuestro estilo de vida.  Son aquellas heridas que sustentan nuestros problemas, le dan fuerza y vigorosidad tal y como sucede con el árbol.  Imagínate por un momento dirigiéndote hacía tus seres queridos en alguna discusión pero antes de hablarles, colocas frente a ti una pared y estás obligado a observarla.  La pared está llena de malos recuerdos y dirige tus emociones de manera negativa en medio de la discusión.  Una pared creada por las raíces, por el dolor que no haz logrado sanar. 
La mayoría del tiempo buscamos solucionar nuestros problemas  de manera apresurada, superficialmente.  Ignoramos mirar más haya, siempre y cuando nos apartemos del dolor actuamos rápidamente.  Sin saberlo probablemente nos estamos condenando a enfrentar mayor sufrimiento en el futuro.  Si cada problema que enfrentamos en la vida contiene raíces que le alimentan es necesario antes de acabar con él, conocerlas.

Hoy date el permiso de mirar en tu interior.  Cierra los ojos, piensa en tus problemas presentes y luego da un viaje al corazón.  La raíz de cada problema, el dolor que no te permite caminar hacia lo próximo debe ser atendido.  No pongas vendas momentáneas, no busques la superficialidad por miedo a sufrir, ve a la raíz.  Pretender que todo está bien conociendo el verdadero proceder de tu dolor es engañarte a ti mismo.  De la única manera que podrás sanar es conduciéndote a la fuente.  Aparta la raíz que no te permite crecer de manera saludable.  Convierte en un árbol imponente y afianza tu camino hacia la sanación.

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