Foto por: Ronald Alexander
Por: Ronald Alexander
Cada situación
que guardamos en el corazón contiene raíces.
Algunas desapercibidas, otras notables y otras que podemos ver, pero que decidimos no prestarle atención aún sabiendo que deberíamos.
La raíces son un sistema, son un tumulto
de vivencias que provienen de situaciones del pasado que debemos manejar. Son sucesos que en vez de utilizarlos para
movernos a lo próximo los anteponemos a nuestro estilo de vida. Son aquellas heridas que sustentan nuestros
problemas, le dan fuerza y vigorosidad tal y como sucede con el árbol. Imagínate por un momento dirigiéndote hacía
tus seres queridos en alguna discusión pero antes de hablarles, colocas frente
a ti una pared y estás obligado a observarla.
La pared está llena de malos recuerdos y dirige tus emociones de manera
negativa en medio de la discusión. Una
pared creada por las raíces, por el dolor que no haz logrado sanar.
La mayoría del
tiempo buscamos solucionar nuestros problemas
de manera apresurada, superficialmente.
Ignoramos mirar más haya, siempre y cuando nos apartemos del dolor
actuamos rápidamente. Sin saberlo
probablemente nos estamos condenando a enfrentar mayor sufrimiento en el
futuro. Si cada problema que enfrentamos
en la vida contiene raíces que le alimentan es necesario antes de acabar con
él, conocerlas.
Hoy date el
permiso de mirar en tu interior. Cierra
los ojos, piensa en tus problemas presentes y luego da un viaje al
corazón. La raíz de cada problema, el
dolor que no te permite caminar hacia lo próximo debe ser atendido. No pongas vendas momentáneas, no busques la
superficialidad por miedo a sufrir, ve a la raíz. Pretender que todo está bien conociendo el
verdadero proceder de tu dolor es engañarte a ti mismo. De la única manera que podrás sanar es
conduciéndote a la fuente. Aparta la
raíz que no te permite crecer de manera saludable. Convierte en un árbol imponente y afianza tu
camino hacia la sanación.
