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04 septiembre 2014

Regalo 73 | La oportunidad de amarte

 Por: Víctor Rafael 

Hasta que no hay consecuencias negativas, no hay acción comprometida.

Es lamentable que el conocimiento no necesariamente implique acción, es decir, muchas veces hay cosas que sabemos que nos hacen daño pero no hacemos nada para manejar la situación con responsabilidad. Jugamos con el fuego, nos hacemos de la vista larga y al final, cuando ya el daño es irreparable, la vida nos detiene con un… “No hay vuelta atrás.”

Para poner esto en contexto y hablarte un poco sobre mí, voy a contarte una historia en dos versiones distintas:

Versión 1: Lo que digo que pasó

Hace varios sábados atrás amanecí con un dolor de espalda insoportable. Con mis piernas adormecidas, me llevaron a la sala de emergencias del hospital del pueblo donde vivo. Allí me hicieron las pruebas pertinentes y dado a la gravedad de los síntomas me transfirieron de emergencia al Centro Médico de Puerto Rico. Allí me dijeron que tenía un disco herniado y que me tendría que ver un neurocirujano. Pasé cuatro días en el hospital y al sol de hoy, aunque he mejorado, el dolor sigue presente y mi participación normal en las actividades diarias es, por obligación, limitada.

Versión 2: Lo que en realidad pasó

Hace cuatro años tuve un accidente de auto. Milagrosamente estoy vivo hoy pues los daños que sufrió el carro fueron devastadores. En esa ocasión mi espalda se vio lastimada e irresponsablemente no terminé mi tratamiento. Mi madre siempre me decía que retomara el tratamiento y yo nunca le hice caso, hasta que hace varios sábados atrás me levanté con mis piernas adormecidas y el dolor me obligó a ir al hospital. La herniación en el disco fue el resultado de varios años de abandono, irresponsabilidad y procrastinación. Hoy, aunque he mejorado, el dolor sigue presente y mi participación normal en las actividades diarias es, por obligación, limitada.

Hoy estoy viviendo las consecuencias de algo que pude haber evitado. No cargaré esta idea de negación toda mi vida, contrario a eso, escogí aprender de esto y descubrí que hay muchas otras cosas en mi vida por las cuales aún queda algo por hacer. Responsablemente retomaré mi tratamiento y al mismo tiempo me daré la oportunidad de manejar lo que en este momento requiere mi atención.

Haz un alto, para, mira, ¿qué cosas en tu vida te están haciendo daño? Las relaciones no funcionales, los vicios, el orgullo, la ira, la falta de amor propio…

Foto | Alex Colón © 2014
Quiero hacerte un llamado, sal de la contemplación. Muchas veces nos quedamos sentados observando como nos dañamos y cuando es demasiado tarde pretendemos remediar lo irremediable. Es por esta razón que hoy te invito a romper con los vicios, las relaciones no funcionales, los hábitos dañinos, el orgullo, la ira, la falta de amor y con todas aquellas cosas que sabes que no te hacen bien. Esto lacera tu corazón y sobre todo no te permite ver el verdadero sentido de la vida.

No es valiente quien hace explotar la guerra y luego sale huyendo del campo de batalla. Hiciste estallar una guerra dentro de ti y buscaste en algún momento manejar el dolor refugiándote en algo que igual duele. Pero hoy, consciente de lo que haces y de la capacidad que tienes para manejar responsablemente las consecuencias de tus acciones regálate la oportunidad de ser libre, o lo que es mejor, la oportunidad de amarte.

Punto de reflexión: Los vicios, conductas adictivas, malos hábitos, relaciones no funcionales, la falta de amor propio y cualquier gestión que me haga daño no me permiten vivir en plenitud.


Pregunta para contestar: ¿Qué conductas están lacerando mi relación conmigo y los demás? ¿Qué cosas tengo que manejar en mi vida a partir de HOY si quiero vivir en plenitud?



Creative Commons License
Regalo 73 | La oportunidad de amarte by Víctor Rafael is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

05 noviembre 2013

Foto 7: Gota a Gota

Foto: Ronald Avila Claudio | Copyright 2013 ©



Por: Ronald Alexander 

Una gran conversación, de esas que se disfrutan de principio a fin, rodeado de amigos y sentado cómodamente.  De un momento a otro sentí que una gota caía en mi pantalón.  Instintivamente miré hacía arriba y noté una filtración en el techo de la sala donde me encontraba.  Sin ningún reparo, me llené de indiferencia y continúe hablando.  Luego de varias palabras más, cayó de nuevo la gota.  Observé mi pantalón, estaba aún más mojado, distraído continué conversando y no me moví de lugar.  Pasó una tercera vez, pero en esta ocasión decidí que aquella gota no caería más sobre mí.  
¿Has pensando en la veces que a lo largo de tu vida tienes consciencia de que algo te está haciendo daño pero no te mueves de lugar?  Más complicado aún, ¿en este preciso momento, hay algo que sabes que te hace daño y no lo has olvidado, abandonado o dejado atrás? La tendencia de vivir desde la “auto-lástima” define a muchos seres humanos hoy día. Una sociedad orientada para vivir caminando en círculos. Ciclos interminables de maltrato físico, verbal y/o emocional; largas depresiones; marginación; discriminación.   
Bajo la sencillez de aquella gota recibí una gran lección de vida.  De la misma forma que aquella conversación me distraía, encontraba mil y una razón en el diario vivir para ignorar las cosas que me incomodaban, las veía caer sobre mí como la pequeña gota pero yo decidía no moverme  y seguir cargando con mi dolor.   Encontrar justificaciones a todas estas situaciones de vida se me hacía muy fácil, era más cómodo no cambiar de lugar que enfrentar lo que me hacía daño. Desprecié una y otra vez la oportunidad de caminar hacía un rumbo que aportara a mi vida y no que le quitara.  Intenté hacer todo, menos salir de aquella silla cómoda, aunque el agua seguía cayendo.  En otras ocasiones a lo largo de mi vida, lograba reparar el techo con una gran capa de sellador, pero al pasar los días la gota encontraba una brecha y volvía a caer sobre mí.  Otras veces, colocaba un recipiente para que recibiera las gotas al caer. Eso solo era un amortiguador que al final era peor, porque tenía una enorme cantidad de gotas acumuladas; dolor acumulado que tenía que enfrentar. 
Hay una razón enorme detrás de aguantar la gota de agua, la falta de amor propio.  Quien se ama verdaderamente y respeta su integridad, no permite que se siga filtrando el agua.  Si lo puedes ver, si puedes reconocer que te causa dolor, rencor, angustia, maltrato; no te quedes mirando la gota, ¡muévete de lugar!  Cerrar los ojos ante las justificaciones, ante las distracciones no será fácil, pero puedes lograrlo.  Hay vida detrás de todas esas situaciones negativas.  Solo hay una simple solución, moverte.  Pero algo debo decirte, no pidas a Dios una segunda silla para escapar de la gota de agua si no estás dispuesto a cambiar de lugar. 


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Foto 7: Gota a gota. by Ronald Alexander is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

22 octubre 2013

Foto 5: Eres capaz de salir

Foto: Ronald Avila Claudio | Copyright 2013 ©


Por:  Ronald Alexander

       Recuerdo sentir ahogarme en varias ocasiones.  ¿La razón de todo? una necesidad que me había inventado.  Acepto que fui por algún tiempo una persona completamente dependiente.  Respiré, caminé, viví por alguien más.  Nada me pertenecía, regalé cada suspiro y pensamiento.  Lo peor es que, fueron meses en los que mi vida sufrió un alto.  Detuve todo lo que amaba, toda actividad física que acostumbraba y hasta la universidad era un pesar.  Si estaba lejos, me sentía solo.  Me perdí por entregarle demasiado valor a alguien más.
       Nadé en círculos.  La necesidad sobrepasaba mis pensamientos.  Experimenté ansiedad, tristeza y hasta reacciones físicas.  Afectó de forma directa todas mis actividades comunes, pues todo giraba entorno a ello.  Cambió mi temperamento, cambió la manera en que enfrentaba las circunstancias de la vida y cambió mi cuidado personal.  El sentimiento de culpabilidad era enorme, sentía dolor cuando intentaba escapar y no lo lograba.  Me aleje de mis amigos, familiares y personas cercanas.  Ocupaba la mayoría de mis pensamientos buscando maneras de relacionarse con eso que tanto “necesitaba”.  Recuerdo llorar, llorar mucho. 
       Aceptar mi condición fue esencial para salir.  Reconocer que adopté una falsa identidad y que no me daba valor.  Luego de aceptarlo, busqué apoyo.  Después de tantas veces sentir que me extinguía, recordé que Jesús extendió su mano a Pedro cuando caminó sobre las aguas y su falta de fe le hizo hundirse.  Lo más importante para mí fue refugiarme en mi espiritualidad, dejé que abriera el mar por mí, pasé al otro lado con fe y confianza.  Luego visité un profesional.  Encontré en la oficina de un psicólogo aliento y consejos que aportaron para que saliera del agua.  Por último, volví a mí.  Regresé a hacer las cosas que amaba, tomé una distancia saludable de esa persona y decidí vivir dándome el amor que me corresponde. 
      Nunca olvides que eres completamente capaz de salir.  Haz nacido para romper los círculos.  Ahogarte no está entre tus opciones.  Valora quien eres y mírate más grande que cualquier dependencia.  Defínete como alguien grandioso y sobre todo toma acción de manera rápida.  Recupera tu vida, tómala en tus manos y arrebátasela a eso que no te funciona.  No te impacientes y busca no sentirte culpable, es completamente normal volver a donde no queremos en ocasiones.  Aléjate del grado que creas necesario de eso que te mantiene dependiente, si lo requieres, déjalo todo.  Hoy te regalo una foto desde mi experiencia, no importa cuantas veces sientas que te falta el aire, eres capaz de salir del agua y no ahogarte. 

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