Foto por: Ronald Alexander
Por: Ronald Alexander
Sin
esperarlo, sin ningún precedente, simplemente pasa. Todo en la vida cambia. Hace unos días tuve el regalo de viajar en un
tren. Los túneles, las vías, las
personas esperando, sin lugar a dudas algo maravilloso. Me detuve a observar como todos aguardaban
cada vagón, como cambiaban de estación en estación esperando llegar a su
destino. Para mí, fue una sorpresa darme
cuenta que llevo toda mi existencia siendo simplemente un pasajero que cambia
de estación. La vida es un tren que a
cada mínima fracción de segundo se detiene en un nuevo lugar, en una nueva
persona o en una nueva situación. El
cambio es inminente.
Como alguien
dijo alguna vez, “no hay nada más seguro que el cambio”. Probablemente para nosotros asimilar esto es
complicado. A fin de cuentas, ¿quién
desea que la vida cambie de repente, sin preguntar, sin avisar? Es inevitable y por ello es necesario
manejarlo y aceptarlo. Convertir cada
cambio en una posibilidad, mirarlos desde un crisol positivo. ¿Complicado? ¡Por supuesto que sí! Nadie vive preparado para la pérdida
repentina de un ser querido, nadie se detiene a pensar si en algún momento de
su vida tendrá necesidades económicas, es casi imposible deducir que nos tocará
trabajar en algún lugar donde no deseamos o que tendremos que mudarnos
repentinamente de nuestro país. Pero de
algo estoy seguro, cada uno representa una nueva posibilidad.
Hace algún
tiempo el tren de la vida me dejó en una estación desconcertante. Un familiar enfermó. Significó dedicar tiempo a cuidarle y restar
tiempo a las actividades que diariamente solía realizar. Un cambio significativo para un joven de
dieciocho años en aquel momento. Logré
entonces encontrar la posibilidad detrás de todo. Este cambio creó en mí un corazón compasivo y
humilde. Un corazón capaz de
identificarse con la necesidad en cualquier parte del mundo. Un corazón amoroso, servicial y desinteresado.
Los cambios,
más que irremediables, son necesarios.
La vida debe cambiar para que cada uno de nosotros lo haga junto a
ella. Cuando el tren te sorprenda y se
detenga en una estación que te incomode, paciencia. Permite que el cambio te invada, baja del
vagón y observa la estación. Mira el
panorama y date cuenta que detrás de la incomodidad hay algo positivo. No le temas, ¡enfréntalo! No olvides que depende de ti ver el regalo
que trae a tu vida. El cambio de
estación después de todo valdrá la pena.
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