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06 febrero 2014

Regalo 51: Preparado para nada.


Por: Víctor Rafael

            Reconocer cada oportunidad como un momento único para comenzar. Creer que aquí y ahora es el tiempo perfecto para ser bendecido. Caminar consciente de que en la vida solo se está preparado para aprender. Hacer mío todo cuanto quiero e ir corriendo tras lo que me pertenece.
En cinco años de preparación académica pensé que estaría listo para el mundo laboral. El escenario escolar desde la Universidad lucía complejo pero llevadero. Muchas veces subestimé la escuela haciéndome cuentos de cómo sería mi vida en un salón de clases. Pero ahora que estoy con los pies sobre el terreno real entiendo que en la vida nunca se está preparado para nada.
            Agradezco inmensamente el tiempo que cada uno de mis maestros y profesores invirtió para enseñarme todo lo que sé. Sin embargo, hoy reconozco que siempre lo que queda por aprender supera en cantidad todo lo que aprendí. Por más veces que diga ahora es el momento, nunca será el tiempo perfecto para dar el paso hacia lo desconocido.
            Constantemente las ganas de ir tras algo aceleran el corazón. Nuestros ojos se llenan de brillo y a nuestra mente solo llegan imágenes que nos hacen disfrutar, aunque sea por un momento, la experiencia de sentirnos realizados. En seguida el miedo toma su rol en el juego y nos hace pensar que no es el momento, que no lo mereces o que sencillamente no vale la pena. Es interesante este fenómeno porque siempre nos hace pensar en que existirá el momento, la oportunidad, el día o la hora perfecta para comenzar algo. Peor aún es cuando nos creemos que “por no estar listos” la hora de hacer que las cosas pasen es otro momento menos el presente.
            Imagina una fábrica, en la misma hay cientos, miles, millones de cajas. Al mismo tiempo ves a un hombre llenar cada una de esas cajas con cosas que deseas tener en tu mano. Las puedes ver, tocar y disfrutar por un momento. Las cajas son los deseos más grandes de tu corazón, el hombre es Dios listo para bendecirte. Dios ha preparado de antemano todo lo que hoy disfrutas y tiene muchísimas cajas esperando a que decidas destaparlas para que así recibas bendición.
            Para destapar las cajas hará falta determinación, confianza y riesgo. Determinación porque no existe el momento perfecto para salir a buscar lo que te pertenece. Confianza. No para hacer que el miedo desaparezca sino para hacerte grande frente a cada reto que la vida ponga delante de ti. El éxito no vive en el corazón de quienes tienen miedo de luchar por sus sueños. Riesgo para aprender a reconocer que cada momento es único y perfecto para hacer tus deseos realidad y sostener lo que quieres donde quieres tenerlo. Nos esperes el momento perfecto porque nunca va a llegar. El momento para comenzar a transformar en realidad lo que quieres lo estás viviendo ahora. Sal, lucha, transforma, comienza. Hay más ganancia cuando arriesgas y fallas que cuando no arriesgas porque el miedo es más grande que tú. 


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Regalo 51: Preparado para nada. by Víctor Rafael is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.


           
           

09 enero 2014

Regalo 47: Para no dejar de soñar.


Por: Víctor Rafael

            Un sueño que nos mueve, una vida para disfrutar y Dios siempre cuidando cada uno de nuestros pasos. Los sueños son el combustible que mueve nuestras vidas pero hace falta deseo, valor y confianza para alcanzarlos y hacerlos realidad.
            Hace varias noches atrás tuve una conversación con mi hermano menor. Él había estado de vacaciones en Puerto Rico y hablábamos de la vida en Iowa como estudiante. La soledad, el frío y la distancia se unían para hacer que la experiencia, por días, fuera pesada y difícil. Nunca voy a olvidar sus palabras cuando le pregunté si quería regresar a Iowa o quedarse en Puerto Rico, porque su respuesta fue lo que necesitaba oír para comenzar a caminar. Me dijo, “Víctor, la verdad si fuera por mí no me iría, pero tengo un sueño que hacer realidad. Es parte del sacrificio y estoy dispuesto a pasar por eso.”
            Después del silencio que provocó su respuesta, me di la vuelta, agradecí a Dios por el regalo de su vida en la mía y dormí profundamente consciente de que mi hermano no solo sabe lo que quiere para su vida, sino que sabe también cual es el camino para llegar a la meta.
            Joel, sin saberlo, me hizo ver que en la vida para ver nuestros sueños hechos realidad necesitaremos al menos tres cosas: Deseo, valentía y confianza.
            Deseo para que la llama que mantiene vivos nuestros sueños nunca muera. Es como el combustible que impulsa todo lo que hacemos, no lo vemos, pero es sumamente necesario para dar hasta el más corto de los pasos.
            Valentía para atrevernos a sacrificar todo, hasta a nosotros mismos, con tal de alcanzar la meta. Todo gran sueño, requiere un enorme sacrificio de tu parte. Ante esa situación necesitarás armarte de valor para tomar decisiones que seguramente cambiarán tu vida para siempre.
            Confianza. Más que la confianza en nosotros mismos, quiero hacer mención de la confianza en Aquel que guía nuestros pasos. “Dios no nos  hubiera dado la capacidad de soñar, sin darnos la capacidad para hacerlos realidad.” Cuando Dios pone algo en tu corazón, al mismo tiempo te de las herramientas para alcanzarlo. El plan de Dios es perfecto y siempre, aunque por momentos pensemos que no tiene sentido, hay un gran regalo para nosotros.
            Hoy te invito a que mantengas vivo el deseo, las ganas de vivir y sobre todo tus sueños. Para no dejar de soñar solo debes creer que lo que tienes en tu corazón es totalmente posible. Ármate de valor, no tengas miedo de sacrificar todo y confía en Dios. Ve tras tus sueños y trabaja incansablemente por ver hecho realidad lo que quieres para ti.
    
             @victor_rafael9 | Lo que el día me regaló  © 2014     

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31 diciembre 2013

Foto 15: Solidaridad

Foto por: Ronald Alexander 
Por: Ronald Alexander

      Nuestros caminos son inciertos e inimaginables.  En un abrir y cerrar de ojos nos encontramos varados en lugares, situaciones o sentimientos que jamás imaginamos.   Visitaba  una comunidad de escasos recursos.  Caminos llenos de lodo, casas de madera deteriorada y mucha necesidad.  Atravesaba un enlodado sendero mientras mi mirada se concentraba en un pequeño cargando un sus brazos a otro de menor edad.  Sentí una extraña emoción, como si el corazón se me estremeciera, como si palpitara más lento ante lo que mis ojos estaban percibiendo.  
       ¿Cuántas veces yo camine desnudo por senderos enlodados? ¿Alguna vez mi casa fue de madera maltratada? ¿Alguna vez algo me falto?  NUNCA.  Luego de tales preguntas, me invadió el sentimiento de culpabilidad.  Me invadió el dolor de nuestra tierra, el dolor de nuestra gente, nuestros hermanos y hermanas, seres humanos.  El dolor que sienten ante la indiferencia,  ante el consumismo desmedido, ante el olvido del mundo en progreso, era el dolor de la pobreza.  
      ¿Cuántas veces has sido solidario? ¿Está entre las resoluciones que preparaste para este nuevo año? Entre la navidad, el amor y los regalos, ¿Has pensado en cuántos niños y niñas alrededor del mundo no tienen que llevarse a su boca? Dios ha hecho de este mundo un mecanismo. Un mecanismo en donde todos somos una pieza clave para cambiarlo, mantenerlo y enfrentarlo.  Si hay pobreza en el mundo es porque sociedades han decidido de una forma u otra y sin darse cuenta que no todos merecen tener lo necesario para vivir.  Si hay una pieza del mecanismo dañada, no funciona.  Así que tú y yo somos parte del problema pero también de la solución. 
      Te invito a incluir en tus resoluciones de año nuevo la solidaridad.  Trabajemos por un mecanismo perfecto, un mundo lleno de amor y en donde a nadie le falte nada.  No olvides que la cualidad más hermosa de un ser humano es identificarse con la necesidad en cualquier lugar.  Hazlo por ti, hazlo por los demás, hazlo por todos los niños que vienen detrás. 


12 septiembre 2013

Regalo 30: Confía.


Por: Víctor Rafael

           
            Me regalé la oportunidad de confiar y cada mañana comenzó a verse diferente. Dejé de vivir a medias y todo a mi alrededor comenzó a fluir de manera natural y perfecta. Dios me hizo una invitación “Confía en ti y veras el regalo.”
            El reloj marcaba las 5: 43am, lo que quería decir que me quedaba alrededor de una hora y media de sueño. Me levanté varias veces antes de que la alarma comenzara a sonar, pues tenía miedo de no escucharlo, de quedar mal. Delegué la tarea de levantarme al reloj despertador, pero lo hice a medias, desconfiando. Nunca creí que realmente tuviese la capacidad para sacarme de la cama o mucho menos que pudiese cumplir con su propósito. Un poco más tarde, el sonido del reloj me despertó. No fue el regalo escuchar el reloj sonar, desvelarme o permitir que la ansiedad me acompañara.  El regalo fue haber pensado que el reloj no podría levantarme y lo hizo. Darme cuenta de que de la misma manera que lo subestimo a él, lo hago conmigo. Fue abrir los ojos, poner los pies sobre el suelo y preguntarme, ¿desde cuándo no confías en ti?
            Desde aquel día aprendí a ver la confianza como el combustible que impulsa todo lo que hago. Es necesaria la confianza para todo, realmente lo es. Si tomas algunos minutos para pensar verás que es cierto. Es necesario confiar en quien soy para mostrarme al mundo de una manera saludable. Es necesario confiar en mí para poder llegar a donde quiero. Es necesario confiar en lo que está a mi alrededor para vivir en paz. La desconfianza corrompe lo que soy, paraliza mis sueños y destruye la indispensable chispa de la fe.
            Las mañanas ya se pintan de otro color, duermo tranquilo, vivo en paz y me regalo la oportunidad de confiar.
La confianza es una decisión, confiar en ti y en todo lo que te rodea podría ser lo que falta para comenzar a avanzar. Comienza a abrir el camino hacia lo que quieres y que cada huella que dejes en él solamente sea el reflejo de la vida de alguien que sabe confiar. En el camino te darás cuenta que confiar en ocasiones es, soltar, delegar o dejar en las manos de alguien más el resultado final. Entrégate al cien porciento en cada cosa que emprendas, confía plenamente en ti, en tus capacidades, en tus talentos y muéstrale al mundo una manera saludable de vivir. ¡Confía! Vence tus miedos, acaba con las dudas, camina seguro de quien eres, dale fuerza y valor a tu corazón. Verás que si comienzas a creer en ti, cada día se pintará de confianza y la confianza pintará de vida tus días. 


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